Roma en motorino, ¿por qué no?
Anímate a recorrer las calles de la más caótica, romántica y encantadora ciudad de Italia sobre una de esas fotogénicas vespas que tanto han seducido a las cámaras de cine y descubre la apabullante belleza de la Ciudad Eterna.
“Turisti en motorino?”, es la respuesta incrédula que obtienen los extranjeros que juegan a ser Audrey Hepburn y Gregory Peck cuando preguntan, a lomos de una moto, cómo se llega a San Pedro. Da igual lo que diga –y gesticule- el romano, porque la marea de tráfico arrastrará a los turistas de incógnito hacia alguna otra joya arquitectónica, aturdidos al principio por la cantidad de vehículos y embriagados después por las imágenes que pasan ante sus ojos a cámara rápida, tantas veces repetidas en fotos y películas.Se tarda poco en apreciar que en Roma el caos y la armonía han hecho las paces, y que todos los caminos conducen a alguna de sus colinas –hay muchas más de siete-, destino imprescindible para el turista motorizado, que obtendrá las mejores panorámicas de la ciudad. Desde la más famosa, el monte Palatino, el foro romano despliega toda la fascinación que provoca la recurrente eternidad de Roma.
Otro monte menos visitado, Gianicolo, que arranca en el barrio del Trastevere, esconde tesoros como el Tempietto de Bramante y villas idílicas como Corsini, donde sorprende el majestuoso jardín botánico, o Doria Pamphili, el mayor parque de Roma. Es una delicia ascender estas cuestas, que parecen escaleras de caracol atiborradas de mansiones, y recordar el paseo en vespa de Nanni Moretti en Caro Diario, cuando decía que lo que más le gustaba de las ciudades era examinar sus casas en un afán tan vouyerista como sociológico.
Camino hacia otra célebre colina, el monte Aventino, se hace irresistible parar en las termas de Caracalla, monumento extraordinario no sólo por su belleza hedonista, sino por el escaso número de turistas que hasta aquí llegan, alejadas como están del centro.
Descendiendo de los miradores de Roma es fácil toparse con el Coliseo, que si es de noche hará las veces de un enorme faro iluminado. De allí es aconsejable el trayecto por la orilla del Tevere, donde llama la atención el vanguardista Ara Pacis, monumento de la Antigüedad encerrado en un moderno edificio que provocó una gran polémica, dado que en esta ciudad construir algo nuevo es impensable. Los enamorados deben tomar nota de que junto al río los amantes de Vacaciones en Roma se dieron su primer beso y, en un ataque de romanticismo feroz, pueden aparcar la moto y coger uno de los barcos turísticos que recorren sus aguas.
De nuevo con los pies en la tierra, es hora de bucear por las callejuelas, tropezándose con plazas repletas de anécdotas, mercadillos, cafés y rincones únicos: las rivalidades de Bernini y Borromini en Piazza Navona, el mercado de alimentación en Campo di Fiori, la moneda de rigor en la Fontana de Trevi, un gelato en Giolitti -junto al Panteón-, un capuccino en el centenario Café de El Greco, los medallones que adornan las esquinas de las calles…
El turista ensimismado –prácticamente todos- se perderá y, con suerte, caerá en plazas menos conocidas e igual de fascinantes, como la de San Ignacio, o llegará a la colorida Piazza de España, rodeada de boutiques de moda y divertidas tiendas como la zapatería Calzature Marini, donde compra Robert De Niro. En los barrios bohemios –Trastevere o Ghetto- el encanto se halla en las fachadas desvencijadas, las tiendas vintage junto a trattorias de toda la vida y los locales de moda como Freni y Fizioni (a la orilla del río, en Trastevere) donde tomar un sofisticado aperitivo -un spritz con tapa- que aquí se sirve a la eufórica hora de la merienda.
Nadie debería abandonar Roma sin perderse en la noche brillante, canalla y, como todo lo que va tras el nombre de Roma, eterna; tal y como inmortalizó Fellini en La Dolce Vita, que este año ha cumplido 50 años. Hoy, la fiesta retro la convoca el Micca Club, con sesiones de música yeyé tan nostálgicas como la scooter con forma de avispa que diseñó Piaggio en 1946.
GUÍA PRÁCTICA
Cómo llegar
Los vuelos low cost de Vueling conectan Madrid, Barcelona, Málaga, Sevilla y Valencia con Roma. Ryan Air vuela a la capital italiana desde Girona, Ibiza, Madrid, Santander, Valencia y Zaragoza. Iberia ofrece vuelos desde Madrid. Y Alitalia lo hace también desde Barcelona. Es una opción muy refrescante llegar a Roma por mar, desde Barcelona, a bordo del buque de Grimaldi Ferries.
Alquiler de motos
Hay infinidad de locales que alquilan todo tipo de motos, pero nada como montarse en una clásica vespa. Happy Rent y Bici & Baci organizan, además, un tour vintage con vespas antiguas.
Dónde dormir
Un clásico del lujo con vistas increíbles es el Hassler. El palazzo Raphael, también con vistas, está escondido tras un manto de hiedra. El histórico Eden, recién reformado, era frecuentado por Ingrid Bergman. Y el Boscolo Aleph es un capricho para amantes del spa y las tendencias.
Dónde comer
Roma es un destino gastronómico de primera, como confirman el aplaudido Antonello Colonna, el sofisticado St. Teodoro, el tradicional Sora Lella o el entrañable La Rosetta. Pero también está cuajada de pizzerías irresistibles y económicas, como La Montecarlo o Baffetto, o pequeños restaurantes de mantel de cuadros como el Aristocampo (Via Della Lungaretta 75, en el Trastevere).
No te pierdas
El Coliseo, el Foro, los Museos Capitolinos, San Pedro, Santa Maria la Maggiore, los Museos Vaticanos, la galería Borghese, el Panteón, el castillo de Sant’ Angelo, el circo Massimo…
Más información
Turismo de Roma
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