Harry de Inglaterra: 'No creo que haya nadie de la Familia Real que quiera ser Rey o Reina'

Por hola.com

La realeza obliga. Y, en ocasiones, si no fuera por ese sentido del deber, que sustenta la vocación de servicio, pocos querrían para sí la carga de un reino sobre sus hombros. Harry de Inglaterra, el príncipe azul que gana tonalidad con los años, con los actos y con las declaraciones, así lo cree y así, sin contención ni reservas principescas, lo ha dicho en una extraordinaria entrevista para la revista Newsweek: “¿Si hay alguien que realmente quiera ser rey o reina? No lo creo”, aunque puntualizó que llegado el momento correcto “asumirán sus obligaciones”, porque los miembros de la Familia Real hacen lo que hacen por “el bien de la gente”: “La monarquía es una fuerza del bien y queremos continuar la misma senda positiva que la Reina ha recorrido a lo largo de más de 60 años, pero no se trata de ponerse sus botas”.

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La reina Isabel ha llegado muy lejos y el príncipe Harry, su nieto y su primer admirador, reconoce que no podrán alcanzarla, aunque sí cambiar el paso de la monarquía: “No podemos seguir sus huellas y hacer todas las cosas que ha hecho. Sin embargo, podemos renovar la monarquía, no por nosotros sino por la gente a la que servimos”. Hijos y nietos de la soberana recorrerán su propia ruta y a su propio ritmo como les concedió siempre: “Ella es tan sorprendente, nos dejó elegir nuestro propio camino. Mi abuela dice que hay que tomarlo con calma y tener tiempo para nosotros”.

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Es una de las lecciones aprendidas del pasado. De un pasado que todavía duele, porque hay heridas que no cierran jamás. Por más que hayan pasado 20 años, todavía le abate aquel momento cruel en el que el príncipe Harry, apenas un niño de doce años, con la cabeza gacha y los puños apretados, tuvo que marchar en el cortejo fúnebre tras el ataúd de su madre, Diana de Gales. El pequeño, junto a su hermano mayor, el príncipe Guillermo; su padre, el príncipe Carlos; su abuelo, el Duque de Edimburgo; y su tío materno, Charles Spencer, desfilaba por el centro de Londres el 6 de septiembre de 1997, una semana después de que la Princesa perdiera la vida en un fatal accidente automovilístico en París.“Mi madre acababa de morir, y tuve que recorrer un largo trayecto detrás de su ataúd, rodeado de miles de personas que me observaban mientras otros tantos millones más lo hacían en sus televisores. No creo que se le deba pedir hacer eso a ningún niño, bajo ninguna circunstancia. No creo que hoy sucediera”.

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El príncipe Harry pasó del peor recuerdo a los tantísimos buenos que conserva de su madre que, por encima de otras muchas enseñanzas, le mostró cómo permanecer con los pies en la tierra. Y, como prueba de lo asimilado, confiesa que él mismo hace su propia compra: “La gente se sorprendería de la vida tan normal que tenemos Guillermo y yo”. Vislumbra su futuro de la misma manera. El Príncipe enamorado (sale desde el verano pasado con la actriz Meghan Markle) declaró que si tuviera “la suerte” de tener hijos propios, vivirían de manera corriente. Es su prioridad absoluta: “Incluso si fuera rey, haría mi propia compra. Pero este es un acto de equilibrio delicado. No queremos diluir la magia... El público británico y todo el mundo necesita instituciones como esta”.

El príncipe Harry, uno de los miembros de la Familia Real británica que más polémicas ha protagonizado, contó también que permaneció a la deriva durante décadas marcado por la muerte de su madre, que no pudo superar hasta los veintimuchos: “Mi búsqueda comenzó cuando tenía alrededor de 25 años. Necesitaba solucionar los errores que estaba cometiendo. Mi madre murió cuando yo era muy joven. Yo no quería estar en la posición en que estaba, pero finalmente saqué la cabeza fuera de la arena, empecé a escuchar a la gente y decidí utilizar mi papel para el bien. Ahora estoy entusiasmado y lleno de energía y amo la labor humanitaria, conocer a gente y hacer reír”. Cuesta reconocer a aquel joven. Hoy destila cercanía, confianza, picardía… Todo aderezado con polvo de estrellas. Una mezcla que recuerda a su madre, una mezcla mágica que nos maravilla. Cuánto necesitamos príncipes como él.

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