El príncipe Carlos: un 'disidente' político
En su declaración, el ex secretario del Heredero manifestó que el Príncipe de Gales se considera un "disidente" del consenso político imperante.<br><b>Pulse sobre la imagen para ver las ampliaciones de las fotos</b>
Un testimonio de interés público
El príncipe Carlos presentó una demanda ante la Corte Suprema por violación al derecho de autor y a la privacidad. Por su parte, el dominical negó cualquier infracción de copyright o confidencialidad, al considerar los extractos revelados de interés público: "Creemos que los lectores tienen derecho a saber las perspectivas consideradas por su Heredero al trono en aspectos de gran interés público".
La primera vista -se espera que el proceso dure tres días- contó con el testimonio de Bolland, que fue llamado a declarar en defensa del rotativo. Los abogados del Heredero habían intentado que su declaración se celebrara a puerta cerrada, para impedir que alguna otra información confidencial se revelara durante el juicio. "Es una cuestión de principios, no una cuestión de amordazar a la prensa", declaró un portavoz de Clarence House. Pero la medida fue impugnada por los representantes legales de The Times, The Guardian, The Sunday Times, The Independent, BBC e ITN, arguyendo que la declaración del testigo es de interés público.
"Se considera un disedente"
Los letrados del Príncipe cesaron en su propósito, finalmente, aunque apelaron ante el juez para que no se hicieran públicos los diarios privados del Príncipe, alegando que éste tiene el mismo derecho a la privacidad que cualquier otro ciudadano. "No estamos lidiando con secretos de Estado. Estamos lidiando con un diario personal ordinario que cualquier ciudadano podría escribir respecto a un viaje a extranjero, en donde expresa sus pensamientos e impresiones".
El testimonio de Bolland no ha tenido desperdicio. Durante su declaración, manifestó que el Príncipe de Gales se considera un "disidente" del consenso político imperante y confirmó, asismismo, que su ausencia en un banquete oficial con el presidente chino, Jiang Zemin, "fue un desaire deliberado para demostrar que desaprueba el régimen de Pekín".


































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