El Rey en su Mensaje de Navidad: 'Confiemos en España y mantengámonos unidos en los valores democráticos'

Don Felipe se dirige a los ciudadanos en su tradicional discurso navideño desde el Salón de Audiencias de la Zarzuela

Por hola.com
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Un año más don Felipe se ha dirigido a todos los ciudadanos desde el Salón de Audiencias del Palacio de la Zarzuela en su tradicional mensaje de Navidad, el sexto desde que fuera proclamado Rey. Con traje azul marino, camisa azul claro y corbata de lunares ha felicitado las fiestas a los españoles de parte de toda la Familia Real con un discurso en el que ha hecho constantes llamadas al diálogo y la convivencia y que ha comenzado con unas palabras de solidaridad con todas aquellas víctimas de los temporales que han azotado la península, tanto los últimos días como durante el resto del año. 

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Igual que hiciera el año pasado, las llamadas al diálogo, la convivencia y la solidaridad han sido constantes durante su discurso, en el que ha hecho alusión a “los tiempos de incertidumbre y cambios profundos” que vive la sociedad. En este sentido, no solo se ha referido a la inestabilidad política o la situación de Cataluña, que también ha mencionado, sino asuntos de índole más global como “la nueva era tecnológica y digital, el rumbo de la Unión Europea, los movimientos migratorios, la desigualdad laboral entre hombres y mujeres o la manera de afrontar el cambio climático y la sostenibilidad”. Tanto para las cuestiones domésticas como para las más internacionales, el Monarca ha reivindicado afrontar “el futuro con responsabilidad, con generosidad y rigor; con determinación, pero también con reflexión y serenidad”. 

Como ejemplo de este espíritu don Felipe ha destacado a 41 ciudadanos procedentes de diferentes partes de España a los que el pasado 19 de junio condecoró con la Orden del Mérito Civil. “Mujeres y hombres, mayores y jóvenes, de orígenes y condiciones diversos que son un verdadero ejemplo de dignidad y fiel reflejo de lo mejor de nuestra sociedad”, afirmaba el rey con una fotografía sobre una de la consolas situadas al fondo de la saña en la que aparece con la Reina y sus dos hijas con las 41 personas condecoradas. 

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Este año, ha optado por colocar una imagen de carácter institucional, en homenaje a estos ciudadanos que recibieron la Orden del Mérito Civil. El año pasado sobre uno de los muebles había un portafotos con la imagen de la princesa Leonor en su primera intervención pública. Cabe recordar que 2018 fue clave para la princesa Leonor que vivió momentos tan significativos como la imposición del Toisón de Oro por parte de su padre, su primer viaje oficial a Covadonga (Asturias) o su primer discurso público al leer un artículo de la Constitución en el 40 aniversario de su aprobación en las Cortes, pero este fue el año en el que se ha consagrado definitivamente como heredera. El pasado 18 de octubre debutaba en los Premios Princesa de Asturias y semanas más tarde hacía su primer viaje oficial a Cataluña donde pronunció sus primeras palabras en público en catalán durante su discurso en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Girona. 

Un llamamiento al optimismo y la confianza

En un mensaje con más carga social que de costumbre, el Monarca ha admitido que la crisis ha “agudizado los niveles de desigualdad” y ha incidido en que la falta de empleo, en especial, para los jóvenes, sigue siendo uno de los principales problemas de la sociedad. Sin olvidar a las personas que viven en especial situación de vulnerabilidad, para las que ha reclamado una especial atención, Felipe VI ha apelado al “gran potencial” que tiene España como país para afrontar “los grandes cambios sociales, científicos y educativos que señalan el futuro”. Para ello, y para superar los desafíos ha reivindicado “los valores democráticos que compartimos (...) sin divisiones ni enfrentamientos que solo erosionan la conviviencia y empobrecen nuestro futuro”.

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Como siempre la sala de Audiencias desde la que se dirige a los ciudadanos no está exenta de símbolos. En otra de las consolas también podíamos ver un ejemplar de la Constitución española, a la que ha hecho varias menciones reivindicando los valores que la sustentan, además de un volumen histórico sobre La Insigne Orden del Toisón de Oro. No podía faltar tampoco la tradicional decoración navideña. Junto al árbol que suele erigirse a sus espaldas también había un misterio con el nacimiento del niño Jesús, la Virgen María y San José.

Felipe VI concluía su Mensaje como de costumbre felicitando la Navidad de parte de toda la Familia Real en los idiomas oficiales del país. Como epílogo al discurso, que ha durado 12 minutos y 18 segundos, el himno de españa sonaba sobre algunas de las imágenes más representativas de de la actividad de la Monarquía a lo largo del año, entre ellos los dos momentos clave de la pirncesa Leonor: sus intervenciones en los Premios Princesa de Asturias y los Premios Princesa de Girona. 

A continuación, puedes leer el Mensaje de Navidad del Rey íntegro: 

B​uenas noches,

Hace cinco años tuve el honor, por primera vez como Rey, de felicitaros la Navidad y de transmitiros un mensaje de afecto y buenos deseos para el nuevo año. Un mensaje también de compromiso con mi vocación de servir a España con lealtad, responsabilidad y total entrega.

Por tanto, os agradezco que me permitáis nuevamente compartir con vosotros unos minutos en esta noche tan especial. Y lo primero que quiero hacer, naturalmente, es desearos —junto a la Reina, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía— la mayor felicidad y paz en estos días en los que nos reunimos con nuestras familias y seres queridos.

Y en estas horas queremos tener un recuerdo muy especial con todo nuestro cariño para las familias y personas más afectadas y que más han sufrido –incluso trágicamente– las consecuencias de las inundaciones y las riadas que se han producido en España durante los últimos días, como lo fueron otras muchas a lo largo del año.

Se dice –y es verdad– que el mundo no vive tiempos fáciles. Quizás nunca lo sean del todo; pero los actuales son, sin duda, tiempos de mucha incertidumbre, de cambios profundos y acelerados en muchos ámbitos que provocan en la sociedad preocupación e inquietud, tanto dentro como fuera de nuestro país: La nueva era tecnológica y digital, el rumbo de la Unión Europea, los movimientos migratorios, la desigualdad laboral entre hombres y mujeres o la manera de afrontar el cambio climático y la sostenibilidad, entre otras…, son cuestiones, en fin, que están muy presentes y condicionan ya de manera inequívoca nuestras vidas.

Y junto a todo ello, la falta de empleo —sobre todo para nuestros jóvenes— y las dificultades económicas de muchas familias, especialmente aquellas que sufren una mayor vulnerabilidad, siguen siendo la principal preocupación en nuestro país. Es un hecho que en el mundo —y también aquí—, en paralelo al crecimiento y al desarrollo, la crisis económica ha agudizado los niveles de desigualdad.

Así mismo, las consecuencias para nuestra propia cohesión social de la revolución tecnológica a la que me he referido antes, el deterioro de la confianza de muchos ciudadanos en las instituciones, y desde luego Cataluña, son otras serias preocupaciones que tenemos en España.

Ahora, después de las elecciones celebradas el pasado 10 de noviembre, nos encontramos inmersos en el procedimiento constitucional previsto para que el Congreso de los Diputados otorgue o deniegue su confianza al candidato propuesto para la Presidencia del Gobierno. Así pues, corresponde al Congreso, de acuerdo con nuestra Constitución, tomar la decisión que considere más conveniente para el interés general de todos los españoles.

Os decía al principio que no vivimos tiempos fáciles; pero también creo que, por eso precisamente, debemos tener más que nunca una confianza firme en nosotros mismos y en España, que siempre ha sabido abrirse camino cuando hemos afrontado el futuro con responsabilidad, con generosidad y rigor; con determinación, pero también con reflexión y serenidad. Y tenemos razones sobradas para tener esa confianza.

El progreso de un país depende, en gran medida, del carácter de sus ciudadanos, de la fortaleza de su sociedad y del adecuado funcionamiento de su Estado.

El pasado 19 de junio tuve el gran honor de condecorar con la Orden del Mérito Civil a 41 ciudadanos procedentes de toda España. Mujeres y hombres, mayores y jóvenes, de orígenes y condiciones diversos, que son un verdadero ejemplo de dignidad y fiel reflejo de lo mejor de nuestra sociedad.

Pude apreciar personalmente su generosidad y espíritu solidario, su capacidad de sacrificio y superación, su disposición para ayudar a los demás y anteponer el bien común a los intereses particulares, su coraje en situaciones adversas; cualidades que son expresión de las virtudes cívicas que inspiran a la inmensa mayoría de nuestros ciudadanos.

Se trata, sin duda —y me interesa especialmente resaltarlo—, de actitudes que han ido forjando paso a paso la personalidad de los españoles y moldeando nuestra sociedad actual a lo largo de estas ya cuatro décadas de democracia.

Una sociedad que ha experimentado una transformación muy profunda, como jamás antes en nuestra historia; que vive conforme a valores y actitudes compartidos con las demás sociedades libres y democráticas; que es y se siente profundamente europea e iberoamericana; y que no está aislada, sino muy abierta al mundo y plenamente integrada en la sociedad global.

Una sociedad que ha hecho frente –y ha superado– situaciones muy difíciles con una serenidad y entereza admirables, demostrando una gran resistencia y madurez.

Una sociedad, en fin, emprendedora y generosa, que desarrolla una gran creatividad y un liderazgo indiscutible en muchos campos como la ingeniería, la medicina, la ciencia, la cultura, el deporte o la empresa.

Vivimos en un Estado Social y Democrático de Derecho que asegura nuestra convivencia en libertad y que ha convertido a España en un país moderno, con prestaciones sociales y servicios públicos esenciales como en educación y en sanidad; que está equipado con una gran red de infraestructuras de comunicaciones y transportes de vanguardia, y garantiza como pocos la seguridad de los ciudadanos.

Una Nación, además, con una posición privilegiada para las relaciones internacionales gracias a su clara vocación universal, a su historia y a su cultura. Quienes nos visitan, invierten aquí o deciden vivir entre nosotros, son testigos de todo ello, lo reconocen y lo destacan.

Es mucho, así pues, lo que hemos construido juntos, lo que juntos hemos avanzado. Y podemos sentirnos muy orgullosos de los valores que inspiran a nuestros ciudadanos, de la energía, la vitalidad y el dinamismo de nuestra sociedad y de la solidez de nuestro Estado. Y creo que es importante decirlo, no por una autoestima mal entendida sino porque es una realidad contrastada que debemos poner en valor.

Ante esa realidad no debemos caer en los extremos, ni en una autocomplacencia que silencie nuestras carencias o errores, ni en una autocrítica destructiva que niegue el gran patrimonio cívico, social y político que hemos acumulado.

Sin duda queda mucho por hacer, por mejorar y renovar. Para ello es preciso tener una conciencia clara y objetiva de nuestras fortalezas y de nuestras debilidades; y además, tener una visión lo más realista y completa de cómo y hacia dónde va el mundo.

Todo cuanto hemos logrado —como he comentado otras veces— no se ha generado de manera espontánea. Es el resultado, en última instancia, de que millones de españoles, gracias a nuestra Constitución, hemos compartido a lo largo de los años unos mismos valores sobre los que fundamentar nuestra convivencia, nuestros grandes proyectos comunes, nuestros sentimientos e ideas.

Y de entre esos valores, quiero destacar en primer lugar, el deseo de concordia que, gracias a la responsabilidad, a los afectos, la generosidad, al diálogo y al respeto entre personas de ideologías muy diferentes, derribó muros de intolerancia, de rencor y de incomprensión que habían marcado muchos episodios de nuestra historia.

En segundo lugar, la voluntad de entendimiento y de integrar nuestras diferencias dentro del respeto a nuestra Constitución, que reconoce la diversidad territorial que nos define y preserva la unidad que nos da fuerza.

Y en tercer y último lugar, la defensa y el impulso de la solidaridad, la igualdad y la libertad como principios vertebradores de nuestra sociedad, haciendo de la tolerancia y el respeto manifestaciones del mejor espíritu cívico de nuestra vida en común.

Estos valores llevan muchos años presentes entre nosotros y constituyen una seña de identidad de la España de nuestros días; pero no podemos darlos por supuestos ni tampoco olvidar su fragilidad; y por ello debemos hacer todo lo posible para fortalecerlos y evitar que se deterioren.

El tiempo no se detiene y España no puede quedarse inmóvil, ni ir por detrás de los acontecimientos. Tiene que seguir recorriendo su camino, sin encerrarse en sí misma como en otras épocas del pasado y levantando la mirada para no perder el paso ante los grandes cambios sociales, científicos y educativos que señalan el futuro.

Los desafíos que tenemos por delante no son sencillos pero, como en tantas ocasiones de nuestra historia reciente, estoy convencido de que los superaremos. Confiemos en nosotros mismos, en nuestra sociedad; confiemos en España y mantengámonos unidos en los valores democráticos que compartimos para resolver nuestros problemas; sin divisiones ni enfrentamientos que solo erosionan nuestra convivencia y empobrecen nuestro futuro.

Tenemos un gran potencial como país. Pensemos en grande. Avancemos con ambición. Todos juntos. Sabemos hacerlo y conocemos el camino….

Con ese ánimo y con ese espíritu, la Reina, nuestras hijas y yo, os deseamos a todos –y de manera especial a cuantos estáis lejos, trabajando y velando por nuestro país, o prestáis aquí servicios esenciales en estas horas– muy felices Pascuas y todo lo mejor para el Año Nuevo 2020.

Eguberri on. Bon Nadal. Boas festas.