Los príncipes Federico y Mary pasean su amor por Dinamarca
Tuvieron el gusto, ayer mismo, los cerca de 100.000 daneses que se congregaron en las abarrotadas calles de Århus, para darles la bienvenida. El ambiente festivo se palpaba en la ciudad desde el momento en que el Dannebrog apareció a lo lejos del muelle. La guardia del Príncipe interpretaba canciones mientras un mar de banderas australianas y danesas se agitaban a su compás a la espera de sus Príncipes. Aquella escena emocionó a Federico hasta tal punto que no pudo evitar llevarse, en varias ocasiones, el pañuelo a los ojos.
Un apasionado beso
Todos querían ver a la pareja real. Por dondequiera que pasaran, había flores y gente que llevaba esperándoles durante horas. Merecería la pena. Después del protocolario saludo de las autoridades locales, Federico y Mary se trasladaron, en una carroza descubierta, y escoltados por el regimiento de húsares, hasta el Ayuntamiento de la ciudad, donde protagonizaron un romántico beso que recordó a muchos las nupcias de la pareja. En el balcón de la Casa Consistorial, como aquel 14 de mayo en el balcón del Palacio Real, y también, como entonces, ante la insistencia de sus conciudadanos, que gritaban "¡Queremos un beso!", el [príncipe Federico] rodeó a la princesa Mary con sus brazos y la besó apasionadamente.
Todo un regalo para sus conciudadanos en un día muy especial. Un día de fiesta en el que su Reina fue, sin lugar a dudas, la [princesa Mary], guapísima con un vestido rosa fucsia y altos zapatos de tacón, que, eso sí, dificultaron en más de una ocasión los pasos seguros de la Princesa. Sobre todo en Den Gamle by (un museo al aire libre que reproduce las calles y casas del antiguo Århus), donde los resbaladizos adoquines pueden resultar un problema hasta con los mejores zapatos. Tras el tradicional saludo en el balcón, la comitiva Real se desplazó a pie entre el público, que se agolpaba alrededor de la pareja para saludarla.



































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