Victoria parece tener la última palabra en su relación con Daniel Westling y de momento no parece dispuesta a renunciar al trono por amor.
Hay imágenes que valen más que mil palabras y nunca estuvo la Reina de Suecia más pendiente de sus hijos que en la última entrega de los prestigiosos galardones
12 DICIEMBRE 2006
Puede que, según informaciones llegadas desde Suecia, la reina Silvia “castigara” a sus hijas obligándolas a volver a palacio sin permitirles quedarse hasta altas horas de la madrugada en el baile de gala que siguió a la ceremonia de entrega de los Nobel en Estocolmo... Pero, y esto es seguro porque hay imágenes que valen más que mil palabras, nunca estuvo la Reina de Suecia más pendiente de sus hijos que en la última entrega de los prestigiosos galardones.
Madre de los tres últimos grandes solteros de oro en las cortes de Europa –sin contar al Príncipe Alberto de Mónaco- la reina Silvia parece vivir en permanente equilibrio entre lo que como toda madre desea para sus “niños” y lo que como Reina sabe que es mejor para la nación.
Y esto, por destino, afecta de manera muy particular a la mayor de sus descendientes: la princesa Victoria, Heredera al trono y duquesa de Vastergoyland, desde que, en 1977, con su llegada al mundo trajo consigo la falsa noticia de que su madre no podría tener más hijos cuando todos esperaban el ansiado varón.
Una noticia que planteó, en su momento, un serio problema en el orden sucesorio ya que el Gobierno tuvo que abolir la Ley Sálica con bastante premura.
Victoria Ingrid Alice heredó los nombres de sus antepasadas y trajo el dictado de una nueva carta Magna – la anterior Constitución estuvo en vigor desde 1809 hasta 1974- para suceder a su padre cuando éste deje de ser Rey.
Las decisiones de una futura Reina
Pero hasta que no llegue ese momento –a la Princesa no le gusta que se haga referencia al instante en el que se convierta en Soberana porque ese ascenso “significará que mi padre ha muerto”-, Victoria tendrá que resolver algunas incógnitas y tomar decisiones que le afectarán a título personal el resto de su vida.
Consciente de ese paso hacia delante o hacia atrás que, antes o después, tendrá que dar su hija con su novio, Daniel Westling, y, también, de la dificultad que supone asumir las responsabilidades de la corona en momentos en los que el mundo entero parece medir los pasos y los gestos de uno, la reina Silvia no pudo evitar estar especialmente cariñosa y atenta con Victoria, la princesa preferida del Reino, pero sobre todo su hija, durante la última ceremonia de entrega de los Nobel celebrada el pasado domingo en la capital de Suecia.
No parece preocupar a la corte ni a los ciudadanos la relación de Carlos Felipe, alférez de la Marina, con Enma Pernald -comenzaron a salir en el verano del 2000 tras conocerse durante unas vacaciones en Saint Tropez-; tampoco la de la Princesa Magdalena con Jonas Bergström, pero después de tanto tiempo sigue siendo motivo de comentarios el noviazgo de Victoria con Daniel, quien no ha conseguido recibir todavía el visto bueno del rey Carlos Gustavo.
Victoria y Daniel se conocieron a principios del 2002 cuando la Princesa se apuntó a su gimnasio y lo eligió como entrenador personal. Daniel Westling, militar, es, desde entonces, el empresario de moda en Estocolmo.
Durante estos años el novio de la futura Reina ha asistido a clases para perfeccionar su inglés, ha estudiado historia en sus ratos libres y ha seguido, a la distancia prudente, el trabajo que asume diariamente la primogénita de los Reyes preparándose quizá para asumir el papel de príncipe de Suecia.
Un papel para el que parece preparado aunque la Casa Real no se decida a oficializar el noviazgo. En cualquier caso, en este momento en el que el futuro del noviazgo parece estar en el aire, es Victoria la que tiene la última palabra y la que no parece dispuesta a renunciar al trono por amor.