Han pasado cuatro años desde que la princesa Máxima, vestida de novia, se
servía por primera vez de esta carroza de cuento para recorrer algunas de
las calles de su reino (Ámsterdam). El carruaje, diseñado para ser tirado
por ocho caballos, fue el vehículo que ésta utilizó –en su momento lo
hicieron las reinas Guillermina y Beatriz- para dar sus primeros pasos como
esposa del príncipe heredero, Guillermo de Holanda, tras la ceremonia
religiosa celebrada en la “Nueva Iglesia” de Ámsterdam el 2 de febrero de
2002.
Y qué mejor manera de empezar a afrontar un destino elegido por amor, pero
jamás imaginado, que dejarse ver, tras los cristales, en una carroza de
cuento de hadas. En el vehículo que la bisabuela de su esposo, la joven
reina Guillermina, recibiría (septiembre 1898) con motivo de su
investidura, como regalo de su pueblo, de Los Amigos de la Casa de la
Naranja. El mismo Carruaje en el que medio siglo después se inspiraría
Walt Disney para diseñar el carruaje de sus películas de dibujos
animados.
La misma imagen tras los cristales
Por quinta vez, Máxima ha vuelto a poner los pies en este peculiar e
histórico carruaje para cumplir un año más con la tradición que un día habrá
de seguir como Soberana: la apertura del Parlamento en la tradicional fiesta
a la que la nación se suma cada tercera semana de septiembre.
No obstante, y aunque la princesa nos brinda una imagen muy similar - la
misma sonrisa dulce e ilusionada tras los cristales- hace ya mucho tiempo
que Máxima dejó de ser una princesa en prácticas.
La joven economista que llegó a los Países Bajos sin hablar una sola
palabra de neerlandés no sólo se ha ganado el corazón de toda su
gente –inicialmente respaldaron al Gobierno cuando se decidió que su padre
no asistiría a la boda-, sino que se ha convertido –así lo dijo durante uno
de sus últimos viaje a Argentina- “en una holandesa que nació en Buenos
aires”.
Máxima ha vivido durante este tiempo la muerte de su suegro, Claus, la de
los abuelos de su esposo; Juliana y Bernardo; la “comentada boda” de Friso
que tuvo que renunciar a sus derechos al trono para casarse con Mabel
Wisse; pero también la llegada de sus dos hijas: una de ellas, su
primogénita, Amalia, futura reina de los Países Bajos.
Asimismo, y paralelamente a los grandes acontecimientos que han marcado a
Holanda desde la tristeza y desde la alegría de los últimos años, la esposa
de Guillermo de Holanda ha conseguido crear un papel a su medida: el de
Princesa Heredera. Un rol para el que, como sucede en la mayoría de las
monarquías del siglo XXI, tuvo que crear improvisando sobre la marcha al no
existir, de momento, un manual de instrucciones para princesas.
Apuntes históricos sobre una carroza de cuento
A pesar de llamarse ‘Carroza de oro’, el majestuoso coche fue fabricado con
madera de teca javanesa cubierta de hojuela de oro, además de otros
materiales como el lino, el cuero y el marfil que llegaron de diversas
partes del reino y de sus territorios de ultramar.
El estilo del carruaje, puramente renacentista, es rico en ornamentación y
simbolismo, tal y como se puede apreciar en la tapicería del interior
bordada enteramente a mano: una profusión de dibujos con mensajes -
tulipanes, jacintos, figuras y animales- para los que se dieron quince
millones de puntadas. Podría decirse que los soles que adornan las ruedas
hacen referencia a la monarquía ilustre y benévola; que los perros y búhos
de las manijas y las bisagras significan lealtad y vigilancia; y que las
plantas, animales y emblemas antiguos que lo decoran, son una representación
alegórica de los buenos deseos y bendiciones que deseaban las gentes
holandesas a su reina.
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