El orgulloso padre fue a conocer a su hijo recién nacido, junto a sus dos hijas Mako y Kako
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El nacimiento de este varón, el primero que viene al mundo en la familia en cuarenta y un años, pone fin a la reforma de la ley que permitiría reinar a las mujeres

6 SEPTIEMBRE 2006
La princesa Kiko de Japón ya ha sido madre por tercera vez, un parto por cesárea programado desde hace semanas, en el que ha nacido un varón. El niño ha pesado, según fuentes del Gobierno citadas por la agencia Kyodo, dos kilos quinientos gramos. Los emperadores Akihito y Michiko recibieron la noticia en la isla de Hokkaido, donde pasan unos días, y habrían manifestado su alegría por el nacimiento de su nieto. El jefe del equipo médico que atendió a la Princesa confirmó además que esta accedió a donar el cordón umbilical, que contiene células que pueden ayudar a combatir enfermedades como la leucemia.
El fin de la polémica
La llegada al mundo de este bebé pone fin al debate sucesorio abierto en el país nipón, en el que no había nacido un niño en los últimos cuarenta y un años. Dado que en el país aún está en vigor la ley sálica, se había planteado la posibilidad de reformar dicha ley para despejar el ascenso de la princesa Aiko, única hija de los príncipes herederos Naruhito y Masako, al trono.
Sin embargo, el anuncio del embarazo de Kiko paralizó en su momento dicho proyecto, ahora sin sentido, ya que el recién nacido ocupará el tercer lugar en la línea de sucesión tras su tío Naruhito y su padre Akishino. Los que abogaban por la evolución en las rígidas tradiciones de la Corte del Sol Naciente han visto sus esperanzas frustradas, ya que la mujer continuará excluida del máximo título imperial, como ha ocurrido en los últimos doscientos años. El recién nacido es el tercer hijo del matrimonio formado por Akishino y Kiko que ya tienen dos niñas, Mako y Kako, de catorce y once años respectivamente.
El sexo del bebé ha sido una incógnita hasta el día del nacimiento, ya que, según la Agencia Imperial, los padres no querían saberlo. La noticia podría acabar, en cierto modo, con la presión que hasta el momento ha sufrido la princesa Masako por no tener un hijo varón que herede los derechos dinásticos, lo cual unido a los problemas de adaptación al rígido protocolo de la corte nipona, le provocó una seria depresión.
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