Doña Letizia está acostumbrada a señalar que los que la tratan desde siempre saben que no tiene ningún problema ni trastorno con la alimentación
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Los Príncipes de Asturias a su llegada a la inauguración de la sede del Instituto Cervantes en Pekín

18 JULIO 2006
Comentan en el círculo de amistades de la Princesa de Asturias que ésta ya no sabe cómo decir que le gusta comer y que cuando se sienta a la mesa disfruta como la mayoría de las personas de un plato de comida bien hecho. Y dicen, también, que aunque le encantaría ganar peso de forma natural para estar un poco más “rellenita”, no le preocupa haber perdido algunos kilos después del nacimiento de su hija la infanta Leonor. Doña Letizia acostumbra a señalar también, en privado, que los que la tratan desde siempre saben que no tiene ningún problema ni trastorno con la alimentación y que, en su caso, aunque su delgadez persista, al igual que en el de sus hermanas, es algo inherente a su constitución. Pura genética.
La Princesa de Asturias ha reconocido a algunas personas que no es agradable que, en determinadas circunstancias, la miren como si no estuviera bien de salud, pero que, como no tiene nada que ocultar, el tiempo se encargará de hablar por ella. En cualquier caso, lo que si es cierto es que su pérdida de peso ha dado de nuevo pie a que medios de comunicación y ciudadanos se hayan vuelto a preguntar y no sin razón –a la vista de sus últimas apariciones públicas- por los motivos por los que doña Letizia está tan delgada.
Apretado programa en China
Las imágenes obtenidas durante este último viaje oficial a Asia ponen de manifiesto que es cierto que lo está extremadamente, pero también, y en la misma línea de siempre, que es una persona alegre, viva, y que aguanta con una evidente energía –subida a unos enormes tacones- la agenda inabarcable de su marido, el príncipe Felipe de Borbón. Así lo demostró cuando en una semana repleta de actos y actividades tomó el mismo avión que el Príncipe de Asturias para promocionar España en una visita relámpago a China. Un viaje oficial de tres días en la que habría que destacar el papel político, económico y cultural con el que tendrían que cumplir durante su corto recorrido por el país.
La visita real a China, la segunda para don Felipe de Borbón (estuvo en el año 2000), y primera de su esposa, comenzó el doce de junio, en Shanghai, la ciudad en la que el Príncipe inauguraría junto a Moratinos, ministro de Asuntos Exteriores, el Foro de Inversiones y Cooperación Empresarial Hispano-Chino. El más importante de los organizados hasta el momento por España en todo el mundo. Sin parar y sin tomarse un solo respiro para hacer algo de turismo por la ciudad más moderna de China, los Príncipes cumplieron con todos los actos programados y, de inmediato, partieron hacia Pekin para asistir a la inauguración de la sede del Instituto Cervantes más grande del mundo. Un centro desde el que apoyar los intercambios culturales, políticos y económicos de España con el gigante asiático. Con ese país -el más poblado del planeta- que ha conseguido desplazar al Reino Unido como cuarta potencia económica mundial, según lo publicado recientemente por la prensa internacional.
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