Las muestras de dolor de los tres hermanos fueron constantes durante el oficio
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Los tres hijos mayores de la Princesa de Hannover, Andrea, Carlota -con un manto bordado sobre la cabeza- y Pierre Casiraghi, no quisieron faltar a esta misa homenaje a su abuelo materno

7 ABRIL 2006
Hay heridas que el tiempo nunca cura. Las de la vida, las de las ausencias, las de las pérdidas.... Tras los difíciles meses vividos por la Familia Real monegasca a causa de la muerte del príncipe Raniero, acaecida el pasado año, el 5 de abril, poco a poco la vida en el Palacio de Grimaldi ha vuelto a la normalidad. A una cierta normalidad que, no obstante, continúa empañada por el imborrable recuerdo del soberano. Así, pudo verse a sus hijos, los príncipes Alberto, Carolina y Estefanía, junto al resto de los miembros de la familia, abatidos y vestidos de riguroso luto –Carlota, con un manto bordado sobre la cabeza-, en una misa homenaje al monarca celebrada ayer por la tarde en la catedral de Mónaco.
Emotivo funeral
El príncipe Alberto, nueva cabeza del Principado tras dos ceremonias de entronización en julio y noviembre de 2005, y sus hermanas, las princesas Carolina y Estefanía, llegaron a la plaza de la catedral poco antes de las 18:30 horas en un mismo coche. Tras ellos, a pie, aparecieron los tres hijos mayores de la Princesa de Hannover, Andrea, Carlota y Pierre Casiraghi. Aunque se trataba de una ceremonia de carácter privado, decenas de personas, que tampoco olvidan al apreciado monarca y quisieron mostrar su apoyo a sus familiares, se congregaron delante del templo antes de que diera comienzo la misa, mientras otros conciudadanos pudieron seguir desde diversas pantallas instaladas en el Principado el emotivo funeral. Un oficio en el que, como un año atrás, el dolor se instaló nuevamente en el rostro de los tres hermanos Grimaldi: el gesto grave en el príncipe Alberto, las irreprimibles lágrimas en la princesa Carolina y la mirada perdida en la princesa Estefanía, la gran protegida del príncipe Raniero.
Como en aquel tristísimo adiós al monarca que, después de cincuenta y seis años de reinado, dejó huérfano al pequeño gran Príncipado, los corazones rotos de la familia principesca volvieron a estremecerse recordando a Raniero III. Recordando su partida. El Príncipe falleció, el 5 de abril de 2005, a los 81 años de edad, en el Centro torácico cardio de Mónaco, donde había pasado varios días en reanimación tras complicaciones pulmonares, días después, el 15 de abril, tuvieron lugar sus exequias en presencia de una numerosa representanción de la realeza internacional.
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