Los Príncipes de Orange presenciaron la competición de patinaje, entre mimos y carantoñas a sus pequeñas, lo que no les impidió animar y aplaudir con entusiasmo a sus compatriotas.
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La princesa Máxima con su hija pequeña, Alexia, que lucía para la ocasión una gorra naranja, el color nacional holandés.



14 FEBRERO 2006
Las frías temperaturas invernales, que se vivieron en Turín el pasado fin de semana, no lograron enfríar los cálidos gestos que barrieron la ciudad italiana de mano de los representantes reales, que se trasladaron hasta allí con ocasión de la vigésima edición de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2006.

Una familia feliz
San Valentín llegó a Turín por adelantado. Primero con el príncipe Alberto de Mónaco, que estuvo acompañado por una rubia –al parecer, se trata de la campeona olímpica sudafricana de natación Charlene Wittstock-, con la que estuvo bromeando durante toda la ceremonia de inauguración de los Juegos, el pasado viernes. Posteriormente, en la víspera del Día de los Enamorados, con el príncipe Guillermo Alejandro y su esposa, la princesa Máxima, que asistieron en familia, con sus dos pequeñas, la princesas Amalia y Alexia, a las pruebas de patinaje femenino de velocidad.

Los Príncipes de Orange presenciaron la competición, entre mimos y carantoñas a sus pequeñas, lo que no les impidió animar y aplaudir con entusiasmo a su compatriota, la patinadora holandesa Ireen Wust, de 19 años, cuando se hizo con la medalla de oro en la carrera de 3.000 metros. Aunque sin aplausos ni vítores, a su manera, las niñas también brindaron su apoyo a los deportistas holandeses luciendo diversas prendas con el color nacional –Amalia llevaba una bufanda naranja y Alexia, una gorra-.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2008 Hola, S.A.

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