La Reina y sus hijos, en 1981, arrodillados en la tierra frente a los nichos excavados en Tatoi, donde recibieron sepultura los reyes Pablo y Federica de Grecia.
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Los Príncipes de Asturias, sobre estas líneas en una imagen de archivo, viajaron con la reina Sofía ayer a Grecia para asistir, en Tatoi, a la celebración del 25º aniversario de la muerte de la ex reina Federica de Grecia.

7 FEBRERO 2006
La reina doña Sofía, acompañada por los Príncipes de Asturias, los Duques de
Palma, la infanta doña Elena y la princesa Irene, viajó ayer a Grecia para
asistir, en Tatoi, a la celebración del 25º aniversario de la muerte de su
madre, la ex reina Federica de Grecia. Al oficio religioso -un funeral por
el rito ortodoxo llamado trisagio- asistieron también Constantino de Grecia,
junto con su esposa Ana María y sus hijos Alexia, Nicolás, Teodora, Philipo,
Pablo –el único de los sobrinos de la Reina nacido y bautizado en el palacio
de Tatoi antes del golpe de los coroneles,-, así como la esposa de
éste último, Marie Chantal.
La reina Federica, que pasó, tras una larga estancia en India, sus últimos
años de exilio viviendo de forma casi permanente en España, falleció en 1981
a consecuencia de una operación de cirugía estética que se hizo en ausencia
de su hija, la reina doña Sofía, quien se encontraba de viaje ese día
ignorando por completo los planes de su madre.
Un cuarto de siglo desde que doña Sofía, arrodillada sobre el césped
enterró el cuerpo de la reina Federica
Acompañada por su esposo, don Juan Carlos, sus tres hijos, su hermano
Constantino y su esposa, la reina Ana María, los padres de ésta, la Reina
doña Sofía viajaba desolada a Grecia para acompañar los restos mortales de
su madre hasta la última morada. Cumpliendo con la promesa que había hecho
al Gobierno -sólo les había dado permiso para pisar tierra griega “desde la
salida a la puesta del sol”- enterró el cuerpo de la Reina y se despidió en
aquel frío y tristísimo día de febrero de su infancia y adolescencia; de los
recuerdos de los felices días y, por supuesto, de los queridos y añorados
jardines de Tatoi –los mismos donde se fotografiaría con don Juan Carlos
antes de contraer matrimonio-, donde descansa, tal y como hubiera sido su
deseo, al lado de su esposo, el rey Pablo I, por toda la eternidad su
queridísima madre, la reina Federica,.
Habían transcurrido catorce años desde que doña Sofía -estaba de en Atenas
cuando estalló el golpe en 1967- había estado de visita por última vez en
Grecia... Catorce largos años para volver a Tatoi con el rostro cubierto
por un velo ofreciendo una imagen tremendamente dolorosa del duelo familiar.
La Reina y sus hijos arrodillados en la tierra frente a los nichos
excavados; el frío y la niebla atravesando el corazón de una familia, que
reza ante una tumba las últimas oraciones sin saber cuándo podrá volver a
hacerlo.
Vuelve a Grecia como Reina de España
Una fecha que la Reina nunca podría olvidar. No sólo por la amargura que le
produjo la desaparición de su madre, sino por los 15 años que habrían de
pasar hasta que, en 1996, después de celebrarse en Grecia elecciones
generales, el presidente socialista Konstantin Stephanopoulos les invita
oficialmente a visitar el país. Un viaje que doña Sofía haría como Reina de
España.
Han pasado 25 años y la Soberana ha vuelto a emprender un inolvidable y
triste recorrido por el pasado de la mano de sus hijos. Una visita
relámpago –tan solo unas horas de estancia en Atenas- en la que, como
siempre sucede cuando uno vuelve a “casa”, doña Sofía recuperó la memoria y
la emoción de aquellos años... Cuando el mundo era perfecto y no había
guerras -fueron invadida por Italia, durante la II Guerra Mundial-; ni
exilio – la Familia real pasó cinco en Creta, Alejandría y Ciudad del Cabo-
y vivían en Tatoi, a catorce kilómetros de Atenas. Un lugar de ensueño –con
un palacete como vivienda–, con fauna abundante y espacio ideal para los
juegos.
El mismo al que dijo adiós para casarse con su Príncipe. El mismo al que
volvería para revivir, con suma tristeza, aquella despedida definitiva de su
madre. Y también el mismo al que ha vuelto esta semana para rendir tributo a
su madre de la mano de las infantas doña Elena y doña Cristina; y de la del
príncipe de Asturias y de la de su nuera, la princesa Letizia quien aún
habiendo asistido en 2004 a los Juegos Olímpicos celebrados en Atenas, ha
sido en esta visita cuando ha tomado contacto por primera con el pasado y la
historia de una Reina de España.
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