Si bien al principio del viaje la Duquesa se mostraba vacilante, y hasta nerviosa en ciertas ocasiones, hacia el final del mismo cautivó en su nuevo papel de embajadora.
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El príncipe Carlos demostró entodo momento a lo largo de su visita que respalda a su esposa tanto como ella a él.



10 NOVIEMBRE 2005
El príncipe Carlos de Inglaterra y su esposa, la Duquesa de Cornualles, se encuentran de nuevo en casa, tras una gira de ocho días por Estados Unidos. Una visita oficial, en la que la pareja real tenía grandes expectativas -destacar las relaciones bilaterales entre ambos países; promover las causas ecologistas del Príncipe de Gales y fortalecer la imagen del matrimonio real-, y que, a ojos de aquellos que trabajan para la oficina del Heredero, ha resultado un rotundo éxito.

Su primer viaje juntos al extranjero era el comienzo de una excitante nueva etapa en la vida de Carlos y Camilla, pero para los ciudadanos estadounidenses era el final feliz de una larga historia de amor. Desde Nueva York a Nueva Orleáns, desde la Casa Blanca a la costa oeste de Estados Unidos, el Príncipe de Gales y su esposa actuaron como una pareja de ensueño. Si bien al principio del viaje la Duquesa se mostraba vacilante, y hasta nerviosa en ciertas ocasiones, hacia el final del mismo cautivó en su nuevo papel de embajadora. Siempre sonriendo y siempre interesada en todo lo que veía, a medida que transcurría cada día agotador, se asemejaba cada vez más a la Reina consorte de un futuro Rey.

Como una 'Reina consorte'
Hace 20 años todo fue bien diferente. El príncipe Carlos luchaba por salir de la sombra de la princesa Diana durante la gira que ambos realizaron en 1985 a Estados Unidos. En esta ocasión, en cambio, su nueva esposa jugó un papel mucho más de apoyo, lo que quedó patente casi desde el momento en que ellos llegaron a Nueva York en un jet privado, 40 minutos después de lo previsto. Cuando aterrizaron en el aeropuerto JFK, el Príncipe cogió y agarró la mano de su nerviosa esposa. “Sí, es cierto, ella odia volar,” explicó más tarde su portavoz Paddy Harverson. Aunque a ella también le podría haberle preocupado la encuesta de USA Today, que afirmaba que al 81 % de los estadounidenses no les interesaba en absoluto su visita y sólo a uno de cada cinco le gustaría conocer a la pareja.

Durante todo el viaje, Camilla buscó la orientación de su marido. Consciente de que Estados Unidos fue antaño territorio de la princesa Diana, podría haber estado un poco angustiada. Sin embargo, demostró en todo momento que se está adaptando poco a poco a su papel real, como cuando colocó con delicadeza un ramo de flores amarillas y naranjas en la Zona Cero, centro de los ataques terroristas del 11 de septiembre en el World Trade Center. Incluía una tarjeta firmada a puño y letra por el príncipe con estas palabras: “En recuerdo perdurable de nuestra aflicción compartida, Carlos y Camilla”. Mientras daban una caminata alrededor, la pareja real preguntó en voz baja a los funcionarios por los planes de reconstrucción de la zona. Estando frente a dos vigas ennegrecidas, ahora convertidas en una cruz conmemorativa, Camilla miró fijamente al espacio vacío con una expresión de tristeza mezclada con asombro. Poco después, estuvieron en el Memorial Garden, creado para las 67 víctimas del Reino Unido del 11 de septiembre, sólo a dos manzanas de distancia de la Zona Cero. Una esquina que, en palabras del poeta Rupert Brooke, será para siempre Inglaterra.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2008 Hola, S.A.

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