Las lágrimas de Carolina, durante la misa Te Deum que tuvo lugar el pasado 12 de julio con motivo de la entronización del príncipe Alberto, fueron el contraste de una ceremonia festiva y alegre en el Principado.
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El príncipe Alberto ha eclipsado por primera vez en la historia del Principado la figura de sus dos hermanas, las princesas Carolina y Estefanía.



14 JULIO 2005
Las lágrimas de Carolina, durante la misa Te Deum que tuvo lugar el pasado 12 de julio con motivo de la entronización del príncipe Alberto, fueron el contraste de unas celebraciones felices y festivas para el Príncipado de Mónaco y el síntoma evidente de que la Princesa de Hannover pasa por una complicada situación personal y familiar, así como de inestabilidad en su papel oficial.

El príncipe Alberto ha eclipsado por primera vez en la historia del Principado la figura de sus dos hermanas, las princesas Carolina y Estefanía. No sólo por su nuevo cargo al frente de los destinos de Mónaco, sino también a consecuencia de sus últimas reveleciones explosivas. El príncipe tímido, que había permanecido hasta ahora a la sombra de su padre, el príncipe Raniero, y de sus hermanas, alzó la voz y derribó con una cadena de noticias bomba a las Princesas del ojo público. Sepultando por primera vez el interés mediático por ellas. Y si bien esta nueva circunstancia podría suponer a la princesa Estefanía una liberación, no es el caso de Carolina, que, hasta el momento, ha desempeñado de cierta manera el papel de Primera Dama. Así, la primogénita del príncipe Raniero, que ha sido su mano derecha en el plano oficial durante los años de ausencia de la princesa Gracia hasta la muerte del monarca, atraviesa por muy difíciles momentos al verse sumida en un mar de dudas sobre cuál será su futuro en el Principado. Especialmente, en el caso de que el príncipe Alberto cumpla sus palabras: contraiga matrimonio y forme una familia.

Pero, sobre todo, la princesa Carolina se encuentra sometida a una gran presión porque a ella, que le importa la imagen que la Familia Principesca proyecte al exterior, no se le escapa que, en estos momentos, su relación con Ernesto de Hannnover hace aguas por la rebeldía del Príncipe a la hora de seguir los consejos médicos y de guardar las apariencias, así como que las rivalidades y desencuentros con su hermana nunca amainarán, sino todo lo contrario. El océano insalvable que las separa se acrecienta según pasan los años, pese a los esfuerzos sobrehumanos de su padre y a los de su hermano.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2008 Hola, S.A.

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