Los reyes Carlos Gustavo y Silvia observan a su primogénita, la princesa Victoria, que deslumbró por su belleza y elegancia.
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Los príncipes Victoria, Magdalena y Carlos Felipe hicieron gala de su atractivo en la boda de su primo Carl Silfverschiöld.

20 JUNIO 2005
Los reyes Carlos Gustavo y Silvia, así como sus tres hijos, los príncipes Victoria, Magdalena y Carlos Felipe, hicieron un hueco en sus agendas oficiales para no perderse la boda del hijo de la princesa Desirée, Carl Silfverschiöld, con María Fredrikson. La iglesia de Saint Gertrud, en la localidad sueca de Falsterbo, donde tuvo lugar la ceremonia religiosa, estaba abarrotada cuando llegó al completo, a primera hora de la tarde, la Familia Real sueca, que cautivó nuevamente por su estilo y elegancia.
La presencia de los soberanos suecos y los príncipes, entre otros ilustres invitados, congregó en las inmediaciones del templo a cientos de curiosos que se mezclaron con un pelotón de fotógrafos y un gran dispositivo de seguridad. La novia, que se retrasó 9 minutos, fue recibida en un ambiente festivo y animado, con una gran ovación por parte de los observadores.
Elegancia y glamour
En el interior de la iglesia, se encontraban ya acomodados todos los asistentes. Los reyes Carlos Gustavo y Silvia, sus hijos, los príncipes Victoria, Magdalena y Carlos Felipe; las hermanas del soberano sueco, las princesas Christina Birgitta, así como la princesa Desirée, madre del novio. La elegancia y el glamour fueron las notas dominantes de este enlace real al que la reina Silvia acudió con un precioso vestido de seda beige con estampado de flores y un chal a juego en el mismo tono; la princesa Victoria, con uno rojo, y la princesa Magdalena, turquesa.
Una vez concluida la ceremonia religiosa, los recién esposos y sus invitados se reunieron en el club de golf de Falsterbo, donde se celebró el banquete y se festejó el feliz acontecimiento comiendo, bebiendo y bailando hasta altas horas de la madrugada. Y, nuevamente, fueron Victoria y Magdalena quienes acapararon toda serie de piropos y elogios y se convirtieron en las verdaderas reinas de la noche.
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