El Papa Benedicto XVI durante la misa de investidura con el Palio Pastoral, que también portó Juan Pablo II.
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Los Reyes de España saludan al maestro de ceremonias pontificias, el arzobispo Piero Marini, a su llegada a la Plaza de San Pedro para asistir a la ceremonia de inicio de Pontificado del Papa Benedicto XVI.
24 ABRIL 2005
Los líderes políticos y religiosos del mundo han vuelto a congregarse en el Vaticano, dos semanas después del funeral por Juan Pablo II, para asistir a la misa de investidura del nuevo Papa, Benedicto XVI. España está representada por los Reyes, Don Juan Carlos y Doña Sofía, en primera fila. La Reina vestía de blanco con una mantilla del mismo color, privilegio únicamente de las soberanas católicas presentes en este acto presentes, la Reina de España y la Gran Duquesa de Luxemburgo. En la delegación oficial enviada por el Gobierno se encuentran también el ministro de Defensa, José Bono; el ministro de Justicia, Fernando López Aguilar y el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos.
Miles de personas, entre ellos muchos alemanes compatriotas del nuevo Papa, han abarrotado la Plaza de San Pedro y sus alrededores para seguir la celebración religiosa de investidura y ser testigos de cómo imponen a Benedicto XVI, tras el Evangelio, el anillo del pescador y el Palio Pastoral, los dos grandes símbolos del Papado. El nuevo sucesor de San Pedro ha elegido el mismo báculo que llevó Juan Pablo II en su Pontificado y con el que viajó por todo el mundo.
En su Homilía, el Papa Benedicto XVI ha destacado que "mi verdadero programa de Gobierno es no hacer mi voluntad, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él” y ha hecho continuas referencias a su predecesor, del que fue mano derecha, Juan Pablo II, que venían acompañadas de calurosos aplausos de los fieles. En una de estas alusiones subrayó que “su fallecimiento dejó una gran sensación de abandono”. Siempre sereno y firme, señaló también: "yo, débil siervo de Dios, he de asumir este cometido inaudito, que supera realmente toda capacidad humana” y añadió que nunca podría soportar esta tarea él sólo, por lo que invocó la ayuda de los Santos.
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