Hasta el próximo miércoles los 6.000 conciudadanos y los 26.000 residentes oficiales podrán rendir homenaje al Príncipe, cuyo cuerpo sin vida reposa en la Capilla Palatina de San Juan Bautista.
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"Todos nosotros estamos huérfanos de ese gran hombre y la profunda tristeza y el duelo que sentimos acercan nuestros corazones y deben soldar, más que nunca, a nuestra comunidad", declaró el príncipe Alberto por primera vez desde la muerte de su padre, el príncipe Raniero.



11 ABRIL 2005
A pesar de la lluvia, una larga cola de monegascos, de riguroso luto, comenzaron a desfilar ayer ante la capilla ardiente de Rainiero III, su soberano durante casi 56 años, para honrar su memoria. Hasta el próximo miércoles los 6.000 conciudadanos y los 26.000 residentes oficiales podrán rendir homenaje al Príncipe, cuyo cuerpo sin vida, vestido con el uniforme de gala y las manos entrelazadas con un pequeño rosario, descansa en un féretro sobre un catafalco en la Capilla Palatina de San Juan Bautista.

Coincidiendo con la apertura de la capilla ardiente, su hijo y sucesor, el príncipe Alberto, rompió el silencio que la Familia Real monegasca había mantenido hasta entonces desde la muerte del príncipe Raniero, el pasado miércoles. "Todos nosotros estamos huérfanos de ese gran hombre y la profunda tristeza y el duelo que sentimos acercan nuestros corazones y deben soldar, más que nunca, a nuestra comunidad", aseguró el príncipe Alberto, visiblemente emocionado, rodeado de un retrato de Rainiero y de una bandera de Mónaco con un crespón negro, en una declaración televisada, dirigida a los monegascos.

"Todos nos sentimos huérfanos"
“El momento triste, que no podíamos creer, ha llegado por desgracia. El Principado ha perdido a su Príncipe Soberano, mi padre, que cuidó su destino durante 56 años” afirmó el príncipe Alberto durante su breve discurso, en el que llamó a “la oración y al recogimiento en el recuerdo de ese gran Príncipe que amó apasionadamente a su país y a sus habitantes”.

Mónaco se ha quedado “huérfano”, como también se han quedado huérfanos sus tres hijos, el príncipe Alberto y las princesas Carolina y Estefanía, tras la marcha de Raniero. “Mis hermanas y yo mismo guardamos en nuestros corazones el recuerdo de un padre condescendiente, profundamente unido a su familia”, manifestó el nuevo soberano monegasco. El príncipe Alberto, que el pasado día 3 asumió la regencia del país ante el estado de salud de su padre, recordó al príncipe Raniero como “el ejemplo de un Príncipe totalmente identificado con su alta misión y que sólo vivió para ella” y que “hasta sus últimos días, en los que la enfermedad le abatió, ejerció sus funciones con toda su plenitud”.

Al dolor por la muerte del príncipe Raniero, se ha unido la preocupación de los Grimaldi por el grave estado de salud del esposo de la princesa Carolina de Mónaco, el príncipe Ernesto de Hannover, hospitalizado desde el pasado martes en el Centro médico Princesa Gracia a causa de una pancreatitis aguda.

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