Carolina, princesa de Hannover, enviada especial al dolor de los niños necesitados en las calles de Manila, en un viaje que 'la ha marcado para siempre', según sus propias palabras
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Arriba, Carolina con una de las niñas filipinas en brazos



8 NOVIEMBRE 2004
Durante tres días del pasado mes de octubre, la princesa de Hannover ha visitado Filipinas como presidenta de la Asociación Amade Mundial de Amigos de la Infancia. Ha sido la suya una visita de solidaridad, a la par que de esperanza. Para conocer in situ el problema de los niños sin recursos de las calles de Manila. Nunca hasta ahora la princesa había realizado un viaje como éste, aunque ella sea una viajera del mundo. Pero deseaba estar dentro del problema, vivir en su propio corazón una fuerte causa humanitaria como ésta.

Desde hace diez años, Carolina es presidenta de Amade, y eligió este sitio y esta causa para defenderles y, si es posible, ayudarles. Así lo ha hecho, día tras día, acudiendo a centros, a lugares, donde estaba latente el inmenso dolor, el problema de cientos de niños de todas las edades recogidos en lugares duros, a veces insoportables, para una vez conocidos, en su propia carne, poder levantar su voz, tan parecida en lo solidario a aquella de su madre, la princesa Gracia, que también fue presidenta de la causa benéfica.

La princesa no regateó esfuerzo ni cariño durante todo este tiempo. Ya en las calles, en los barrios extremos, ya en los centros, que a veces parecían cárceles, según sus propias palabras, ya en las iglesias, en sus contactos con los protagonistas de estas increíbles historias de dolor y de soledad, desde que vinieron al mundo. Este es el resumen de la crónica de un viaje inolvidable contada por los enviados especiales que acompañaban a la princesa en su viaje a Filipinas.

Mabuhay, princesa Carolina
Los filipinos la esperaban desde el pasado mes de abril. La princesa Carolina no les decepcionó. Apenas llegó tuvo que enfrentarse de modo terrible a las conmovedoras condiciones de vida de los niños. Cuando la introdujeron en un edificio de aspecto ruinoso, la princesa descubrió a casi una treintena de niños amontonados en lo que se podría fácilmente comparar con una celda penitenciaria. La recibieron en el RAC (Centro de Recepción y Acción),un lugar de acogida temporal que existe desde 1992 y que es gestionado por los servicios sociales de Manila. Es aquí donde termina la deriva de personas que viven en la calle y son recogidas por la Policía para "limpiar las zonas".

El objetivo anunciado es ayudar a esos filipinos sin recursos a encontrar una familia. La realidad es totalmente otra, porque los medios que se utilizan son tan pobres que la misión es prácticamente imposible. El RAC no cuenta más que con seis trabajadores sociales, que dependen del Gobierno, para asistir a casi 239 niños, bebés, madres, adultos y ancianos. Algunos, especialmente los más pequeños, pueden permanecer allí durante dos años.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2008 Hola, S.A.

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