"Cuando un miembro de una familia sufre, es una fuente de tristeza para todos sus miembros", declaró la Emperatriz en alusión a la princesa Masako.
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"Durante todos estos años, ha permanecido conmigo el sentido de la responsabilidad. Todo el tiempo he sentido que no debía deshonrar la Familia Imperial y que tampoco debía traicionar las esperanzas que muchas personas habían puesto en mí".
20 OCTUBRE 2004
Con ocasión de su 70º cumpleaños, la emperatriz Michiko de Japón ha dado públicamente todo su apoyo a su nuera, la princesa Masako, que ha pasado el último año confinada en Palacio aquejada de una enfermedad relacionada con el estrés.
La Emperatriz confesó que sentía enormemente la angustia que ha sufrido la princesa Masako, con su inmenso currículum, y su dominio del mundo, al tratar de adaptarse a las rígidas leyes de la Casa Imperial. "Cuando un miembro de una familia sufre, es una fuente de tristeza para todos sus miembros" y añadió “no sólo yo, todos nosotros deseamos que la Princesa se recupere pronto y nos ofrecemos para ayudarla en todo lo que necesite".
La princesa Masako, que combate poco a poco el fantasma de su angustia vital, lleva apartada de sus tareas desde el mes de diciembre. Fecha en la que fue hospitalizada a causa de un herpes zoster, una dolorosa erupción cutánea, provocada por el estrés. Una experiencia que no le resulta del todo extraña a la emperatriz Michiko. La Emperatriz sufrió la misma presión tras su boda con el emperador Akihito, en 1959, e incluso la intimidación de los cortesanos y el acoso de su suegra. No en vano, se dijo ampliamente que padeció un ataque de nervios poco después de haber contraído matrimonio.
Mejor fortuna que Masako
La emperatriz Michiko confesó que ella se había sentido obligada a no deshonrar la monarquía más vieja de mundo ni desilusionar el público. "Durante todos estos años, ha permanecido conmigo el sentido de la responsabilidad. Todo el tiempo he sentido que no debía deshonrar la Familia Imperial y que tampoco debía traicionar las esperanzas que muchas personas habían puesto en mí". Pero la emperatriz Michiko fue de manera clave mucho más afortunada que su nuera. Ella dio a luz al príncipe heredero Naruhito, en 1960, y, en 1965, al príncipe Akishino, el último varón de la Familia Imperial.
Los expertos reales coinciden en atribuir el estrés de la princesa Masako a la presión a la que la pareja, padres de una niña, Aiko, sucesora directa pero cuestionada por ser mujer -si se cambia la norma constitucional, podría acceder al Trono del Crisantemo-, se ha visto sometida para que tengan un Heredero varón.
Las observaciones de la Emperatriz fueron interpretadas por los medios de comunicación japoneses como un mazazo a la Agencia de la Casa Imperial, la organización que controla casi todos los movimientos de la Familia Real. No obstante, la emperatriz Michiko salió en su defensa al reconocer que ellos también "trabajan bajo presión". "Yo no creo que merezcan toda la crítica insistente que han estado recibiendo en los últimos días”.
Los Príncipes del Japón, Naruhito y Masako, juegan con su hija, Aiko