La princesa Carolina de Mónaco, fiel a su cita de todos los años con los actos culturales que se celebran por estas fechas en el Principado, presidió la inauguración del Festival Internacional de Escultura en su tercera edición.
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La princesa Carolina saliendo del mar tras darse un baño.

2 JULIO 2004
La princesa Carolina de Mónaco, fiel a su cita de todos los años con los actos culturales que se celebran por estas fechas en el Principado, presidió la inauguración del Festival Internacional de Escultura en su tercera edición. El acto tuvo lugar en los jardines del Casino de Montecarlo, donde se han instalado las obras que exponen en esta ocasión algunos de los escultores contemporáneos más prestigiosos del mundo. Una de ellas, la titulada Gwendolyn, de Niki de Saint Phalle, estuvo entre las más admiradas, mereciendo excelentes críticas.
Era esta, por otro lado, una de las últimas actividades oficiales de la princesa antes de iniciar sus vacaciones estivales y, como es habitual en ella, se mostró con el impecable estilo y elegancia de siempre, exhibiendo, además, una radiante sonrisa en todo momento. Carolina llevaba en esta ocasión un conjunto de líneas simples y depuradas compuesto por chaqueta blanca entallada, con amplias solapas y cierre cruzado, y pantalón recto a tono, que complementaba con unos zapatos beige y un original bolso-cubo de piel acharolada. Lucía, igualmente, un impresionante broche de oro blanco y amarillo en forma de lazada, cuajado de pequeños brillantes, con pendientes a juego.
Vacaciones en Córcega
Una vez concluidas sus respectivas obligaciones y compromisos oficiales, la princesa Carolina y el príncipe Ernst de Hannover iniciaron sus vacaciones veraniegas teniendo junto a ellos, como es su costumbre, a su hija, la princesa Alexandra, quien, por cierto, el próximo día 20 cumplirá cinco años de edad. Tras pasar unos días en la isla de Córcega, donde fueron fotografiados mientras paseaban por las calles de una de sus localidades costeras o se daban los primeros baños de la temporada, su intención es, como todos los veranos, embarcar en el yate con el que realizarán un prolongado crucero por el Mediterráneo.
En estos días que han pasado en Córcega, Carolina y Ernst eran una familia más de veraneantes que, sin separarse de la pequeña Alexandra, se dedicaron a dar algún que otro paseo o a bañarse en la playa, tal y como vemos en las fotografías que reproducimos junto a estas líneas. Más adelante se unirán a ellos los otros tres miembros de la familia: Andrea, Carlota y Pierre, aunque éstos ya se planifican sus propias vacaciones con independencia.
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