Mary Donaldson y el príncipe Federico de Dinamarca fotografiados el día de su boda celebrada en Copenhague el pasado 14 de mayo. La novia lleva el mismo ramo que ahora ha depositado sobre la tumba de su madre.
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Etta Donaldson, la madre de la princesa Mary, falleció el 20 de noviembre de 1997. En el mismo lugar, ubicado en la localidad escocesa de Edimburgo, también yacen los abuelos maternos de la princesa: Archibald Horne y Elizabeth G. Melrose.

1 JUNIO 2004
La princesa Mary Donaldson de Dinamarca vio cumplido uno de sus mayores deseos recientemente cuando depositó su ramo de novia sobre la tumba de su madre, Etta Donaldson, que falleció el 20 de noviembre de 1997. En ese mismo lugar, ubicado en la localidad escocesa de Edimburgo, también yacen los abuelos maternos de la princesa: Archibald Horne, que murió el 14 de diciembre de 1974, y Elizabeth G. Melrose, desaparecida a los cuarenta y dos años el 25 de octubre de 1958. El ramo que Mary llevó el día de su boda, celebrada el 14 de mayo en Dinamarca, tenía flores traídas expresamente desde Australia, su tierra natal.
Federico, el heredero de la Corona más antigua del mundo, y Mary se conocieron el 16 de septiembre de 2000, en Sidney, durante los Juegos Olímpicos. Según ella, comenzaron a hablar y ya no pararon. Después de ese día volvieron a verse, ya que el príncipe Federico estuvo varios meses viajando por Australia, pero su abuela enfermó y tuvo que regresar a Dinamarca, donde se quedó durante un largo período, en el que no perdieron el contacto. Intercambiaron cartas, llamadas de teléfono, fotos y discos. Sin embargo, la distancia era demasiado y Federico regresó a Australia en 2001, momento en el que la prensa danesa les descubrió y destapó el romance por primera vez.
Fue entonces cuando decidieron que la relación iba en serio, por lo que Mary Donaldson abandonó su puesto de trabajo como publicitaria en Sidney y se trasladó a París, a una hora de vuelo de Copenhague, donde ejerció de agente inmobiliario. Allí intentaba pasar inadvertida y acudía los fines de semana al castillo de Amalienborg, el palacio de la Familia Real en Copenhague. Pero el intenso escrutinio al que le tenía sometida la prensa le hizo decidirse a hacer público su amor.
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