13 MAYO 2004
Un total de 1.300 invitados -príncipes y princesas, reyes y reinas, autoridades y personalidades de la sociedad danesa e internacional- se han dado cita en el Teatro Real para celebrar por todo lo alto, con un extraordinario espectáculo de música clásica, jazz, ballet y rock, el último acto prenupcial de Federico de Dinamarca y Mary Donaldson.
A las siete en punto, llegaba a la plaza con puntualidad británica el primer autobús con los invitados reales. Y, con ellos, derroche de glamour y elegancia: Carolina de Mónaco con su esposo, Ernesto de Hannover; la Familia Real griega al completo –los reyes Constantino y Ana María, el príncipe Pablo y su esposa, Marie-Chantal, la princesa Alexia y su esposo Carlos Morales y el príncipe Nicolás con su hermana pequeña, la princesa Teodora-; los Condes de Wessex; el príncipe Felipe de los belgas con su esposa, la princesa Matilde, y su hermana, la princesa Astrid de Bélgica con su esposo, Lorenzo de Austria; Farah Diba Pahlavi; el príncipe Haakon de Noruega con su esposa, la princesa Mette-Marit; la princesa Marta Luisa con su esposo, Ari Behn, y la infanta Cristina con su esposo, Iñaki Urdangarín, entre otros.
Nerviosa, ella, y eufórico, él
Pero fue doña Letizia, que sentía como suyo cada instante de esta despedida de solteros -su propia boda con el príncipe Felipe se celebra en tan sólo ocho días-, la otra gran protagonista de la velada en el Teatro Real. Un acto que ha supuesto la gran puesta de largo de la prometida del Príncipe que, aunque ya fuera presentada oficialmente como la futura Princesa de Asturias ante las principales casas reales con motivo del funeral de Estado por las víctimas del 11-M en La Almudena, ha tenido ocasión de relacionarse con la realeza en circunstancias más festivas y vestida como una verdadera Princesa.
No obstante, la reina de la noche fue, sin duda, Mary Donaldson. Majestuosa, con un suntuoso vestido de seda rojo, con cola y un gran lazo en la parte posterior, acompañado del mismo conjunto de rubíes -diadema, collar y pendientes- de la desaparecida reina Ingrid, que lució el pasado martes con motivo de la cena de gala celebrada en su honor en el palacio de Christiansborg. También nerviosa, especialmente en contraste con la naturalidad y euforia del príncipe Federico, así como del resto de los miembros reales, la reina Margarita, que lució para la ocasión un vestido azul verdoso con escote a lo Escarlata O'Hara, y el príncipe Henrik. Y contenida, sobre todo a su llegada, pendiente de cada movimiento y de cada flash haciendo gala de su aprendizaje del oficio de Princesa.
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