12 MAYO 2004
Copenhague vivió anoche un pequeño aperitivo de lo que, sin duda, supondrá el próximo viernes la boda real danesa del príncipe Federico y Mary Donaldson. Se convirtió en un desfile de los más espectaculares vestidos, los más exquisitos peinados y un muestrario de todas las condecoraciones del país escandinavo con motivo de la celebración de uno de los últimos actos prenupciales de los prometidos reales: una cena de gala en el palacio de Christiansborg en su honor.
Una velada muy especial a la que no faltaron los anfitriones, la reina Margarita y su esposo, el príncipe consorte Henrik, ni los dos grandes protagonistas. Una fiesta, con cóctel, cena y espectáculo, en la que Mary Donaldson se convirtió en el centro de las miradas de los más de 300 invitados de los principales organismos oficiales del país nórdico y en la que se mostró al mundo convertida en una verdadera Princesa. Nunca antes había sido tan princesa como anoche.
Un conjunto de rubíes imperial
Mary Donaldson lució por primera vez la Orden del Elefante, la más distinguida de Dinamarca, así como valiosas joyas de la corona. En concreto, un conjunto de rubíes -diadema, collar y pendientes-, que perteneció a la reina Ingrid y que ahora, cuando Mary está a punto de convertirse en Princesa de Dinamarca, pasa a sus manos siguiendo la tradición. A la reina Ingrid se lo había cedido su suegra, la reina Alexandrine, cuando contrajo matrimonio y se convirtió en Heredera del reino danés.
|