La princesa Masako sigue sumida en una profunda tristeza por la presión mediática para que tenga un hijo varón
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Cuando la princesa Masako se casó con el príncipe heredero de Japón, Naruhito, renunció a su vida privada y profesional
4 ABRIL 2004
"La princesa heredera Masako ha decidido anular todos sus compromisos oficiales del mes de abril". Con este escueto comunicado, un responsable del Palacio Imperial ha hecho evidente lo que el pueblo japonés imaginaba: Masako sigue sumida en una profunda tristeza. Una tristeza que tiene su origen en la implacable presión a la que se ve sometida para que dé un hijo varón a su marido, el príncipe Naruhito.
El peso de los cuarenta años
La princesa Masako entregó su vida profesional y personal en junio de 1993, cuando se casó con el Príncipe Heredero del Reino del Crisantemo. Durante ocho años resistió con estoicismo todos los comentarios, y las coacciones, en torno a su maternidad. Después de mucha tensión, la pareja cumplió su sueño con el nacimiento de una hija, la pequeña Aiko, en 2001. Pero las presiones no cesaron. Esperaban, ahora, que los príncipes herederos dieran a luz un varón.
En diciembre de 2003, Masako cumplió 40 años. Una edad delicada con el agravante de los problemas de la princesa para concebir. La presión mediática aumentaba. El príncipe Naruhito pidió explícitamente que se respetara a su esposa. Y ella cada vez veía su salud más debilitada. De hecho, poco antes de su cumpleaños tuvo que ser ingresada en el hospital por un Herpes Zoster, provocado por el estrés.
'Su salud no experimenta mejoría'
En estos días, otro portavoz de Palacio ha manifestado en la prensa japonesa: "No podemos afirmar que el estado de la princesa haya mejorado". Desde que en diciembre, ella misma, a través de un comunicado oficial, pidiera retirarse por unos meses de la vida pública, no parece que las presiones hayan amainado. Y así está la princesa Masako. Recluida, triste, insegura... Una mujer cum laude en la Universidad de Harvard, con una preciosa hija de dos años y medio, vive con miedo a la presión de los sectores más tradicionales del Japón, quienes le exigen que dé a luz un hijo. No quieren ni plantearse la posibilidad de que una mujer reine. Y Masako sufre...