Realeza

Comentar 19 JUNIO 2003

Tsarskoye Selo, el fabuloso Palacio de Catalina la Grande

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Arriba, espectacular vista de la fachada posterior del palacio de Tsarskoye Seló, que, de punta a punta, mide 300 metros.<br><b>Pulse sobre la imagen para ver las ampliaciones de las fotos</b> 
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Vista de la preciosa escalinata que lleva a las e splendorosas salas del palacio de Catalina la Grande. 
Un suntuoso recinto
La mítica cámara es un suntuoso recinto de 100 metros cuadros con paredes y mobiliario de ámbar, adornado con espejos enmarcados en oro y con cuatro mosaicos florentinos. Durante la ocupación por parte de la Alemania de Hitler, en 1941, las tropas nazis saquearon Tsarskoye Seló y desmantelaron la Cámara Ambar, llevándosela a la localidad alemana de Koenigsberg, donde fue exhibida en 1942. Sin embargo, finalizada la segunda guerra mundial, desapareció misteriosamente. Los alemanes, sin embargo, no se llevaron de Tsarskoye Seló la fabulosa colección de 30.000 cuadros, esculturas y porcelanas francesas que los rusos habían conseguido poner a salvo antes de la entrada de los invasores. La Cámara Ambar es la mayor hecha jamás con este precioso material, y tres de sus paredes estaban recubiertas de paneles —cada uno con mosaico de azulejos de ámbar — que medían 3,96 metros de altura. Muchos habían sido tallados en forma de flores, armas y figuras bíblicas. Otros fueron agrupados formando escudos e insignias reales o pequeñas escenas de barcos navegando o de vida campestre.

¿Qué fue de la original?
Mientras la nueva Cámara Ambar acaba de ser inaugurada (se pudo reconstruir mediante unas fotografías tomadas a finales de los años treinta), historiadores, científicos y aventureros siguen rastreando el paradero de la auténtica cámara, que desapareció del Museo de Koenigsberg (Alemania). Alfred Rohde, director del citado museo en aquella época, hizo desmontar la Cámara Ambar al ver que se debilitaba la posición de los nazis. Poco después, Koenigsberg era asolada por los británicos. Cuando, en abril de 1954, los rusos entraron en la ciudad, interrogaron a Rohde, pero no llegaron a ninguna conclusión. Meses después, Alfred Rohde y su esposa fallecían, llevándose consigo a la tumba el secreto del paradero de la Cámara Ambar. Un amigo de Rohde afirmó que el preciado tesoro había sido embarcado en el buque «Wilhelm Gustloff», y que éste había sido hundido no muy lejos de la costa de Koenigsberg por torpedos soviéticos.

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