Realeza

Comentar 14 MAYO 2003

Harry Windsor, Andrea Casiraghi y Guillermo de Inglaterra, los nuevos Príncipes de hoy

Ampliar
Andrea Casiraghi con camisa en algodón egipcio de cuello italiano y doble puño desabrochado, pantalón vaquero desgastado, mochila vieja (con periódicos y una gorra neoyorquina colgada). <br><b>Pulse sobre la imagen para ver las ampliaciones de las fotos</b> 
Ampliar
Andrea Casiraghi, con su novia, la aristócrata alemana Von Stauffenberg, que sostiene entre sus brazos la mascota que éste le ha regalado: un cerdito. 
Ampliar
El príncipe Harry, con su aire desgarbado, sus pantalones (chinos) rotos y su sombrero de <i>ala bajada,</i> campero. 
Ampliar
El príncipe Harry es, tal y como puede apreciarse en la imagen, un <i>rompecorazones.</i> De hecho, ha sido designado el soltero más codiciado de Londres, superando a su propio hermano, el príncipe Guillermo, y a otros grandes ídolos de las adolescentes británicas. 
Ampliar
Imbuido por un cierto espiritualismo oriental, el príncipe Guillermo, que hace meditación nada más levantarse por la mañana (7.30), recibe, tal y como se puede apreciar en la imagen, un masaje tailandés. 
Ampliar
Guillermo de Inglaterra, con una camiseta del Aston Villa, charlando con <i>su masajista,</i> una compañera de la Universidad, durante la disputa de un torneo de rugby en St. Andrews (Escocia). 
Les encantan los lugares de moda donde parece que pasan inadvertidos y donde todos hacen como que no les ven, a sabiendas de que eso es imposible que suceda. Creerse que están viviendo vidas normales y que, por un momento, pueden parecerse a esos otros miles de jóvenes de su edad.

Antiguamente, era el resto de la Humanidad quien trataba de emular a la nobleza y a la aristocracia, a las grandes divas y galanes de Hollywood; ahora, sin embargo, el verdadero poder emana de las pasarelas. Ese lugar al que se dirigen todas las miradas... También las de ellos, corazones jóvenes de las dinastías europeas, que interpretan lo que ven volcándolo en la calle a su manera, sin darle la mayor importancia.

Y es que a los príncipes de hoy día (aunque Andrea Casiraghi no tenga todavía el título, figura en la línea de sucesión del Principado de Mónaco) les gusta hacer vida social y aparentar un cierto abandono o desenfado en lo que a vestimenta se refiere. Claro que se trata de un desaliño que no sólo no se puede improvisar, sino que requiere cierta dosis de esfuerzo ante el espejo. A ninguno de ellos se le escapa que a través de su ropa se refleja no sólo lo que uno es, sino también la imagen que uno quiere dar de sí mismo. Para ellos y entre ellos, aunque de forma muy distinta, es aplicable también el así te veo, así te trato.

Desaliño aliñado
En cualquier circunstancia no oficial, los hijos del Príncipe de Gales especialmente Harry) vestirán, en apariencia, pantalones desteñidos y rotos, camisetas por fuera o jerséis con los elásticos estirados. Claro que sólo en apariencia, porque ninguno de ellos olvida que los logotipos les distinguen, aunque no se vean, ni que son estudiantes aristocráticos (llamados también yahs), supuestamente refinados, vestidos con jerséis de Polo by Ralf Laurent, vaqueros Levi’s, chinos de Armani o Paul Smith y zapatillas de deporte de Johji Yamamoto para Adidas...

Cada grupo tiene, no obstante, sus ritos y sus exigencias, su propio estilo. Compárese si no la diferencia de imagen que ofrece Andrea Casiraghi frente al príncipe Harry o el príncipe Guillermo. Con su raya en medio marcando perfectamente su cara ovalada y sus rasgos perfectos. Tan similares a los del personaje de Tadzio, de la película Muerte en Venecia (Luchino Visconti). Con su camisa en algodón egipcio de cuello italiano y doble puño sin abrochar, su pantalón desgastado, sus deportivas (línea Puma, en apariencia asequibles), inalcanzables para la inmensa mayoría de los jóvenes y su mochila de lona y vieja (algo así como "ésta era la que llevaba mi abuelo en el Ejército"), que podría haber sido diseñada perfectamente por Dolce & Gabbana para la colección 2003. Dos detalles más: los periódicos franceses en el bolsillo exterior y una sencilla gorra con el anagrama de Nueva York colgada, descuidadamente, de una de las correas de su bolsa. Todo esto, unido a una pequeña sombra de tristeza y fragilidad que arrastra desde la muerte de su padre... A ese aire romántico que lleva sin darse cuenta... Tan francés, tan italiano, tan irresistible y tan distinto de lo que parece, pues nada hay en Andrea Casiraghi de rebelde ni de ángel terrorífico.
Enlaces patrocinados

Enlaces Patrocinados

piaget rose
Descubra la nueva colección Piaget Rose

Recomendaciones

Videos

Nuevo Servicio

hofmann