Cuando hay amor. Así titulan los diseñadores Victorio & Lucchino su
colección nupcial para 2008. Y, una vez más, han demostrado saber recoger
éxitos, aunque se presenten obstáculos inesperados (un foco que explota en
pleno desfile, las planchas que cubren la pasarela que se abomban y hacen
tropezar a las modelos…).
Pero ¿cuál es su secreto para triunfar ante cualquier contratiempo? Sin
duda, es su delicadeza y artesanía para trabajar cualquier material. En esta
ocasión, sus ‘horas de taller’ se traducen en faldas de ricos volantes,
recogidos de los que nacen formas abullonadas asimétricas y recortes que se
cosen unos sobre otros para crear volúmenes.
Para 2008, destaca la mezcla de tejidos en matizado contraste, así como el
uso de flores en relieve teñidas en pastel. Además, los sevillanos siguen
apostando por su característica línea sirena, aunque la combinan con trajes
imperio, de línea sirena, ablusados o de inspiración ‘sesentera’ y años 20.
Esto último se ve claramente en su colección de vestidos cortos, con talle
macado y faldas muy cortas con la cintura muy baja. Llaman la atención sus
velos, chales y mantones, que se reinterpretan y se presentan en técnica
‘patchwork’ y con pedrería.
En esta ocasión, el dúo de diseñadores también volvió a intercalar entre sus
propuestas femeninas, algunas creaciones destinadas al hombre. Para ello,
proponen clásicos chaqués en tonos neutros y corbatas muy estrechas, que dan
sutilmente color al conjunto, por ejemplo, presentándose en azul eléctrico o
gris perla.
Un jardín para enamorarse
Que los diseños son lo principal en un desfile no hay duda. Pero tampoco
hay que obviar que la puesta en escena es parte muy importante dentro del
show. Y, en este campo, Victorio & Lucchino son unos maestros y saben
dotar a su pase de una escenografía de las que mejor se pueden ver en esta
cita con la moda nupcial. Este año, adornaron la pasarela a lo largo con
altísimos postes cubiertos de espigas de trigo, a los que se unían
guirnaldas de luces; el suelo se forró con láminas de plástico en las que
habían impreso grandes ramilletes de flores de azahar; y, en la parte
frontal, las modelos aparecían frente a un trampantojo que reproducía un
verde jardín enmarcado entre dos grandes jarrones de piedra.
Como arranque del desfile, los sevillanos eligieron una forma poco
convencional: la modelo Marina Pérez lo inauguró subida en un
majestuoso carruaje, eso sí, sin caballos.

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