Alberto de Bélgica busca solución al problema político de su país

Alberto II de Bélgica afronta la primera gran prueba de su reinado ante la crisis política que enfrenta a las comunidades flamencas y a las de habla francesa en su país. El punto muerto de tres meses de formación de un nuevo gobierno le ha permitido usar poderes raras veces usados en monarquías modernas europeas, pero necesarios para, en última instancia, no perder su Corona si el país se resquebraja. En Bélgica, donde cada comunidad lingüística tiene su propio gobierno y parlamento, el Rey es para muchos el último nexo que une Flandes y Wallonia. Alberto II ha tratado de mejorar las cosas insistiendo, desde el principio de su reinado en 1993, en la gran "riqueza" de un Estado multicultural y federal. Pero las elecciones generales del 10 de junio no han conseguido formar un gobierno y revelaron que la grieta entre las partes sigue siendo profunda. Sin embargo, a pesar de romperse la cadera a finales de junio, el Rey ha aumentado sus esfuerzos para hallar una solución. Llamó a políticos prominentes para recoger información sobre cómo formar un gobierno negociando entre las partes. La influencia del monarca, que se ha declarado neutro política y lingüísticamente aun cuando los flamencos lo acusan de tendencia francófona, puede ser decisiva. El Rey de los belgas espera que el demócrata cristiano flamenco Herman Van Rompuy pueda finalmente resolver la situación y volver a unir a su país.

Martes 18-09-2007

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