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Comentar 27 ABRIL 2011

Niños bilingües: ¿Cómo educarlos?

Las nuevas familias favorecen la exposición temprana de los niños a varios idiomas



Los nuevos modelos de familia, las parejas mixtas, las corrientes de migración geográfica o los sistemas educativos modernos, más abiertos a los idiomas extranjeros. Ya sea por una cosa o por otra, cada vez es más y más frecuente encontrarse con niños totalmente bilingües, capaces de hablar en otro idioma además de la lengua materna. Ya sea por iniciativa personal de los padres o porque uno de los progenitores (o ambos) habla una lengua diferente de la del país de crianza del niño, la apertura a otros idiomas desde el nacimiento es uno de los mayores regalos para los ‘peques’: a esta edad, el cerebro procesa la información de manera diferente, favoreciendo el aprendizaje y estimulando otras áreas relacionadas con el desarrollo intelectual y emocional.

Eso sí: para que el niño se considere bilingüe, al menos el 20 por ciento del habla dentro y fuera de casa debe ser en ese idioma. Todo un reto para los padres, que multiplican sus posibilidades de éxito si comienzan a inculcar ambas lenguas desde la cuna, cuando el cerebro, mucho más abierto y receptivo que en cualquier otra etapa de la vida, almacena ambos idiomas en el mismo área, interconectándolos como si fuesen iguales y eliminando la necesidad de ‘traducir’ de uno a otro.

Los beneficios, al margen de los evidentes, son muchos: los niños bilingües tienen una mayor tendencia natural a ser creativos, mientras que la gran mayoría manifiesta una mayor capacidad de aprender terceros y cuartos idiomas en el futuro. El principal inconveniente: según los expertos, los ‘peques’ expuestos a dos o más idiomas tardan más en empezar a hablar, y presentan mayores problemas a la hora de invertir el orden de las palabras dentro de una oración, o combinar varios idiomas indistintamente dentro de una frase.

Entonces, ¿cómo dar el primer paso? En los casos de las familias mixtas, donde los padres hablen diferentes idiomas, o las familias que compartan una lengua común pero vivan en un país diferente al de origen, lo más importante es reforzar al máximo el 'idioma minoritario': aquel al que el pequeño esté expuesto menos horas al día. Un truco común es asignar un idioma a cada uno de los padres, y usarlo cada vez que nos dirijamos a él, para, más tarde, ir sumando refuerzos poco a poco, como apuntarle a un ‘cole’ o una guardería bilingües, ver películas en el idioma de origen, o llevarle a nuestro país natal lo más a menudo posible.
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