El consumo de alimentos como hamburguesas, pizzas y bollería debe ser moderado.
Hay que procurar que los niños no estén más de dos horas diarias delante de la televisión o del ordenador.
La obesidad se ha convertido en España en uno de los mayores problemas de salud pública. Buena prueba de ello es que, según estudios recientes, catorce de cada 100 adultos padecen esta enfermedad, un porcentaje que es superado en casi dos puntos en el caso de la población infantil (lo que convierte a los niños españoles en los más obesos de Europa, sólo superados por los de Italia y Malta).
Una situación verdaderamente alarmante que el Ministerio de Sanidad ha decidido intentar atajar con la elaboración de un plan, cuyo fin principal es mejorar los hábitos alimenticios de los más pequeños. Para ello esta iniciativa (a la que han denominado Estrategia NAOS –nutrición, actividad física, obesidad y sobrepeso-) prevé una serie de medidas entre las que figuran:
-El compromiso por parte de la industria alimenticia para disminuir paulatinamente la proporción de ácidos grasos saturados, la sal y los azúcares en los alimentos.
-La aprobación de un decreto para establecer las condiciones sanitarias de los comedores escolares y las dietas que deben ofrecerse en los menús de los niños (con información diaria a los padres).
-Creación de talleres extraescolares de cocina para que los pequeños se inicien en el mundo de la gastronomía y aprendan a comer de forma saludable.
- Evitar la instalación de máquinas expendedoras de comidas y bebidas en lugares de fácil acceso para los alumnos de infantil y educación primaria.
-Regulación de la publicidad de alimentos y bebidas para niños menores de 12 años, las franjas horarias de emisión y el modo de presentación de los productos.
-Impulsar la práctica de actividad física (según Sanidad, los niños españoles pasan una media de 2 horas y media viendo la TV, a lo que se suma el tiempo que dedican a jugar con videojuegos o conectados a internet).
Una serie de acciones que, de verse cumplidas, ayudarían a conseguir que la esperanza de vida de muchos menores fuera más elevada, evitando enfermedades futuras como la hipertensión, diabetes, problemas cardiovasculares u otras afecciones derivadas de la esta epidemia del siglo XXI llamada obesidad.

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