McCartney, Celine y Loewe: la liberación de las formas conquista París

Los vestidos holgados y femeninos triunfan en la quinta jornada de la pasarela francesa

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José Enrique Oña Selfa presentó para Loewe una mujer romántica pero con un toque atrevido.

Los vestidos de noche estampados de Stella McCartney arrasaron sobre la pasarela.

Suma y sigue. París fue testigo ayer de una oda al cuerpo femenino con los desfiles de Stella McCartney, Loewe y Celine, en los que las siluetas amplias y vaporosas fueron protagonistas casi absolutas.

Stella McCartney propone, para la próxima temporada, un estilo cómodo y relajado basado en una paleta de colores sobria –blanco, negro, beis y gris piedra- en amplios trajes de chaqueta, monos y vestidos tipo bustier. Sin embargo, para la noche, los básicos de la diseñadora británica son los vaporosos vestidos de muselinas con enormes estampados.

Fresca y colorista fue la colección de Cacharel que, de la mano de sus diseñadores –Suzanne Clements e Inacio Ribeiro-, propone para la temporada que viene la mezcla libre de rayas, lunares y vivos estampados en sus prendas, que remata con divertidos lazos y broches.

José Enrique Oña Selfa cosechó un gran éxito con su colección para Loewe presentada en el Thèâtre National de Chaillot. El ante y el cuero, materiales emblemáticos de la casa, se tiñeron de dorado en pantalones y chaquetas para combinarse con prendas fruncidas y, en ocasiones, casi transparentes. El corte romántico se evidenciaba en mangas abullonadas, pequeños volantes y lazos usados como cierres o, simplemente, como adornos, con los que Oña salpica sus diseños. Por supuesto, tampoco faltaron los famosos bolsos de la firma, que completaban el look Loewe para la próxima primavera-verano 2006.

La croata Ivana Omazic, la nueva responsable creativa de la firma Celine, supo aunar en su desfile la tradición de la casa francesa con una cierta contemporaneidad. Así, sobre la pasarela se vieron sus míticos bolsos de piel y lona o sus cinturones de cadena junto con trenchs actualizados –sin mangas, tipo bolero, con enormes solapas- o vestidos muy femeninos de chiffón con drapeados muy estudiados. Los colores iban en degradé empezando por los cálidos rojos y naranjas hasta el negro riguroso, pasando por los beis y marrones.

Si hay una palabra que defina la colección del chipriota Hussein Chalayan esa es curvilínea. Sus prendas envuelven el cuerpo femenino con complejas formas ondulantes producidas, bien por el corte, o bien por los pliegues del tejido sobre sí mismo. El resultado es una figura dinámica y cómoda.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2006 Hola, S.A.

  

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