En una propuesta más rompedora que la de su antiguo socio Miguel Palacio, Fernando Lemoniez también apostó por el blanco y el negro, aunque sin renunciar a estampados, bien de grandes topos de colores, bien de cebra.
El diseñador donostiarra dio casi una lección de Historia con vestidos y blusas inspirados en la época grecorromana (como complemento, sandalias cuyas tiras suben hasta la rodilla), y con otros diseños que parecían sacados de la Edad de Piedra y que se completaban con botas de flecos muy de los trogloditas.
Para la noche, vestidos y blusas kimono en dorado, siguiendo la tendencia orientalista que se presentó en los últimos desfiles de Paris de Alta Costura.