
La ceremonia civil: emociones a flor de piel
La policía federal motorizada acompañó a un cortejo real que saludaba a los ciudadanos congregados en el itinerario. Con algún que otro desliz en el protocolo (el comandante que acompañaba el coche de los reyes, circulaba a la derecha del Rey, en lugar de ir a su izquierda). Cuando llegaron a la Grande Place, frente al Ayuntamiento, en el que ya esperaban los testigos, y todos los miembros de las Casas Reales invitados a esta primera ceremonia civil, sonó claro y alto el Himno Nacional. La Place se cubrió de un aplauso de afecto para el hijo pequeño del rey Alberto II y la reina Paola, y su prometida, Claire Coombs.
La ceremonia civil: emociones a flor de piel
El burgomaestre Freddy Thielemans ofició una ceremonia en la que los sentimientos afloraron no sólo en los rostros, visiblemente emocionados, del príncipe Laurent y Claire Coombs. Todos los invitados seguían atentos la evolución de la ceremonia. Comienza la ceremonia civil. El burgomaestre les deseó toda la felicidad del mundo. Sus palabras son acompañadas por un fuerte aplauso, nada protocolario, preámbulo de la que ya se puede calificar, como una de las ceremonias más cálidas de los últimos años.
El momento más emotivo se produjo cuando, el príncipe Laurent, mostró su impaciencia por hacer de la bella Claire Coombs la mujer con la que quiere compartir el resto de sus días. Con un cuidado infinito, el burgomaestre iba diciendo todas y cada una de las palabras de la ceremonia en francés, flamenco y alemán. Cuando el príncipe fue preguntado sobre si quería a Claire como esposa, no pudo reprimirse. Dijo el sí inmediatamente después de oír aquella frase en francés. La nota humana fue la sonrisa del burgomaestre y de todos los invitados ante un detalle tan humano. Los novios, ya marido y mujer, estaban flanqueados por sus padres, los Reyes a la izquierda, detrás del novio y el matrimonio Coombs, detrás de la novia.
Tras el sí de ambos contrayentes, el príncipe Laurent tomó la mano de su mujer y la besó con afecto, con una sencilla reverencia. Después, el príncipe firmó seis actas en dos idiomas (francés y flamenco). Para acompañar a los invitados en el momento de las firmas, músicos de cámara amenizaron estos minutos con bucólicas notas, románticas y un tanto nostálgicas.
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