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La oración que han escrito los novios: "Señor vamos a caminar en fe y confianza, sentir que la vida se abre entre nosotros, como tú nos lo has enseñado, donde cada día es eterno. Vamos a vivir a partir del amor la semilla que da la vida, la semilla que es sagrada. Señor, vamos a caminar en fe y en confianza”.

Sí quiero: A las 16:16 horas los novios se dieron el “sí quiero”. Él fue el primero en pronunciar con voz potente la palabra más esperada ‘Ja’ (sí, en noruego). A continuación, con un hilo de voz más débil, Marta Luisa hizo lo propio.

Alianzas a mano: Los anillos de boda, hechos por el joyero UlfLarsen, han sido fabricados a mano con oro blanco y brillantes y, además de llevar sus iniciales inscritas, había grabados distintos dibujos medievales de la tradición nórdica.

’Cantar de los Cantares’: La hermana de Ari Behn, Andrea Bjoershol, al igual que lo había hecho anteriormente el príncipe Haakon, leyó el ‘Cantar de los cantares’ de la Biblia.

El primer beso: El pueblo noruego esperaba ansioso la salida de los recién casados. Se abrieron las puertas de la catedral y aparecieron los esposos, que saludaron entusiasmados a todas las personas que acudieron a la puerta del templo para acompañarles, y les regalaron el primer beso de casados a las 17:13 horas.

Paseo nupcial a pie: Ni en un impresionante Lincoln descapotable como hicieran los Reyes y los príncipes herederos de Noruega; ni en carroza de oro, como los príncipes de Orange durante su boda; Marta Luisa y Ari Behn prefirieron hacer el paseo nupcial, desde la catedral de Nidaros al palacio de Stiftsgaarden –651 metros de pavimento alfombrado-, caminando.

Sin Mette-Marit: En esta original boda, todos los invitados recorrieron a pie los casi 700 metros que separan la catedral del palacio de Stiftsgaarden, donde se celebró el banquete nupcial. Como guías de excepción de toda la Familia Real noruega, los representantes reales y amigos, los recién casados, que presiden el desfile a pie y caminan sobre la alfombra. Se echó de menos, no obstante, la presencia en el cortejo nupcial de la princesa Mette-Marit aunque, tal y como estaba previsto, Mette-Marit tuvo que desistir de acompañar a la Familia Real debido a la gran distancia que separaba la catedral del palacio. La ausencia de Mette-Marit vino motivada por la rotura de tobillo que sufrió la pasada Semana Santa y no por sus quemaduras. La Casa Real pensó que si Mette-Marit asistía tendría que hacerlo con muletas y esto ensombrecería el paseo nupcial del novio y de sus invitados.



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