
Las joyas de la princesa Margarita se subastan por cifras astronómicas
Ante esta acusación, la prestigiosa galería Christie’s salió al paso asegurando que ese asunto privado “ya estaba resuelto”. Sea como fuere, las históricas joyas se encuentran hoy en manos de hombres y mujeres que, según Christie’s, “demuestran el continuo y duradero atractivo de la Familia Real”. Si no, no se puede entender la “locura”, los astronómicos precios que se ofrecieron por alguna de las piezas que alcanzaron cifras cien veces superiores a su valor.
Piezas históricas
La subasta -descrita como la mayor de objetos de la realeza británica de los últimos veinte años- tuvo sus “joyas de la Corona”. Entre ellas, la tiara de Poltimore, aquella que lució la Princesa el día de su boda con lord Snowdon. Realizada en 1870 por la prestigiosa joyería Garrards para lady Poltimore, la mujer del tesorero de la reina Victoria, esta tiara ha alcanzado el precio de 1,35 millones de euros. Pero no ha sido la única joya en alcanzar cifras millonarias. En este caso, valor real y valor sentimental se han aliado para alcanzar precios prohibidos. O casi. ¿Quién da más? Un reloj de plata, con decoración áurea, obra de Fabergé costó al postor que le quiso 1,8 millones de euros. Otro, de pulsera, más modesto, con correa de cuero y escaso “glamour”, salió con un precio que no alcanzaba los 200 euros, y la puja finalizó con 14.000 euros. Así fue la jornada. Una locura de manos alzadas, y llamadas, y “cazadores” de piezas históricas con tinte sentimental; porque de todo hubo, hasta una pulsera de diamantes que la princesa Margarita lució, en 1965, en una recepción con los Beatles; o su primera joya, un discreto collar de perlas y rubíes, valorado en poco más de 2.000 euros y que alcanzó el precio de 40.000 euros.
Las críticas les han llovido a lord Linley y Sarah Chatto, como también los cientos de miles de euros. Buckhingham Palace sólo emitió, a través de un portavoz, un lacónico mensaje: “La Reina está al tanto de la subasta”. Se desconoce si, de manera anónima, habrá pujado por algún artículo de su hermana. Y es que entre las riadas de perlas, los broches de diamantes, los relojes art-decó, o las modernas pulseras atigradas (eso sí, su nuevo propietario hubo de desembolsar 80.000 mil euros), entre tanta joya cuidadosamente guardada, se ocultan muchos recuerdos. Los de la princesa Margarita, quien vivió intensamente, a pesar de su corazón roto tras renunciar a su gran amor, el capitán Peter Towsend, hombre divorciado que no encontró el beneplácito de la Corona.
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