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En esta época el bacalao se convierte en uno de los protagonistas no sólo del mercado sino también de las cartas y menús de muchos restaurantes.
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Con la llegada de la Cuaresma y la Semana Santa hay determinados productos que adquieren especial protagonismo en los mercados. Es, por ejemplo, el caso del bacalao, un pescado blanco (rico en proteínas de alto valor biológico y minerales como el calcio, el sodio o el magnesio) que ofrece en cocina diversas posibilidades gastronómicas. Le proponemos unas cuantas así como prácticos consejos para su desalación:
Déjelo en remojo veinticuatro horas si está en una pieza y doce si se encuentra en filetes.
Lo mejor es cortarlo en trozos o filetes y poner éstos en un colador, que a su vez se meterá en una gran cacerola con agua para que así los trozos no descansen en el fondo de la misma, que es adonde va a parar toda la sal.
Colóquelo siempre con la parte con piel hacia arriba.
Renueve el agua dos o tres veces y póngala templada. Esto acelerará el proceso.
Cuando tenga mucha prisa, aunque no es un método demasiado conveniente, desmenuce el bacalao en agua templada y cámbiela tres veces. Así, tan sólo bastarán unas tres horas para desalarlo.
Al comprarlo, procure que los trozos no sean ni demasiado amarillos ni demasiado blancos, ya que esto último podría indicar que ha sufrido un lavado sódico.
Si va a guisarlo, tenga cuidado para que no hierva, ya que esto conllevaría el endurecimiento de su carne.
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