Trucos y consejos para disfrutar del repollo, un alimento perfecto para cuidar la línea

¿Cómo evitar el mal olor que produce su cocción?, ¿cómo conservarlo mejor?, ¿qué hacer para que su consumo no produzca flatulencias?...

Si lo va a tomar crudo en ensalada, recuerde que deberá escoger las hojas más tiernas y partirlas en tiras muy finas.

Para que resulte más atractivo para los niños (y no tan niños...) puede prepararlo con trocitos de beicon, pavo u otros cárnicos.

Esta hortaliza tan sólo aporta al organismo 25 calorías por cada 100 gramos de producto.


Rico en vitaminas, fibra y sales minerales, el repollo es un alimento milenario (ya los egipcios lo cultivaban allá por el 2.500 a.C) no sólo gran ‘amigo’ de nuestra salud sino también de nuestra figura: su acción diurética y sus escasas 25 calorías por cada 100 gramos, lo convierten en una hortaliza perfecta para su inclusión en las dietas de adelgazamiento (según, claro está, cómo se prepare y de qué alimentos se acompañe). Sin embargo, el mal olor que produce en ocasiones su cocción o su fuerte sabor hace que no siempre resulte atractivo para el consumidor. Estos son algunos trucos y consejos para sacar el máximo partido a esta verdura llena de propiedades:

-A la hora de elegirlos, tenga en cuenta que tendrán más calidad cuanto más apretadas y blancas sean sus hojas. Rechace siempre aquellos repollos que presenten un núcleo seco o partido o aquellos cuyas hojas externas sean igual que las internas (señal de que las más externas han sido arrancadas para enmascarar una posible falta de frescura).

-Como a veces un repollo es demasiado grande para comerlo en un solo plato, recuerde que puede conservarlo congelándolo. Bastará con que lo meta antes en agua salada hirviendo durante dos minutos. Sáquelo luego, escúrralo bien y métalo en una bolsa de plástico (o las especiales para congelar) cerrada. Le durará unos nueve meses. Para utilizarlo luego puede volver a echarlo directamente en agua hirviendo.

-Si no lo quiere congelar, colóquelo en el frigorífico envuelto en una bolsa de plástico perforada y aíslelo del resto de alimentos con el fin de que no les transmita su olor.

-Para evitar el mal olor al cocerlo tape la cacerola por arriba (con cuidado para que no caiga por los lados y se pueda quemar) con un paño mojado en vinagre. Otra solución consiste en poner un trozo de pan en el agua.

-Recuerde que, una vez haya introducido el repollo en el agua hirviendo para su cocción deberá mantenerlo el menor tiempo posible (hasta que la verdura empiece a encogerse). Si se cuece demasiado aparece el mal olor, y el repollo comienza a perder el color y sus propiedades nutritivas.

-Esta hortaliza puede resultar flatulenta. Para evitarlo cuézala en dos veces y añada comino o hinojo a la cocción. Además, es menos flatulento cuando se toma en ensalada.

-Si quiere conservar un potaje con repollo, saque éste del caldo, ya que si no lo volvería agrio.

-Además de cocido o crudo en ensalada (sólo las hojas más tiernas cortadas finitas), también resulta muy rico como guarnición de carnes, pescados, legumbres, arroz o fermentado (el popular ‘chucrut’, muy apreciado en países de Centroeuropa).

-Para hacérselo más atractivo a los niños, acompáñelo de salsas que suavicen su aroma y sabor (bechamel, mayonesa....) y añádale un sofrito de beicon o pavo picadito.



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