|
En el firmamento gastronómico donostiarra, donde la proximidad de estrellas como Juan Mari Arzak y Martín Berasategui podría encandilar, Pedro Subijana brilla con luz propia. Desde su atalaya en el Monte Igueldo, Subijana disfruta desde hace años de una posición inmejorable para hacer lo que mejor sabe: conseguir el disfrute y la sorpresa del comensal, a través de divertimentos gastronómicos propios de una gran imaginación, que no adolece de humor. Así, una visita a Akelarre puede resultar una experiencia culinaria irrepetible, donde los gin tonics helados, los platos con trampantojos, el Chuletón de atún con huevo frito, las Vieiras en tempura con cortezas de trigo y judías verdes y yogur de maní o el “Cienhojas” de melocotón perdurarán para siempre en la memoria. Evidentemente, Subijana y su equipo disfrutan perpeñando y elaborando estos platos deslumbrantes. Pero lo que es mejor es que tienen la capacidad para que todo esto no se quede en una mera demostración de prestidigitación culinaria, sino que tenga la esencia y las referencias culturales imprescindibles para hacer de sus bromas, genialidades y ocurrencias una cocina coherente y con sentido. La carta de vinos, así como las vistas del local, no andan a la zaga de la cocina: son también lisa y llanamente incomparables. Y como dato curioso, si el comensal lo desea, puede visitar el jardín en el que se cultivan las especias que, posteriormente, se utilizan para cocinar.
|