|
Sergi Arola ha sabido asumir muy bien el protagonismo que le ha querido dar Madrid a su cocina. Formado junto a los chefs creativos más importantes de las últimas décadas –es discípulo de Pierre Gagnaire y Ferran Adrià–, llegó a la capital con técnica, mucha inspiración y desparpajo, y pronto convirtió su pequeño bistrot en un lugar de culto. Más tarde, en 1999, se mudó a un local más amplio y espectacular, diáfano y elegante, con una impresionante cocina, para convertirse en una de las referencias ineludibles del buen comer en Madrid.
La cocina de Arola tiene, cómo no, acento catalán. Pero es siempre visceral y creativa, y en ella tampoco falta el humor. Al chef le gusta investigar permanentemente en nuevos sabores y texturas, casi siempre con buen instinto. Así, si uno de los primeros platos suyos que sorprendieron fue la espuma de patata con caviar y foie, ahora los comensales puede degustar platos como sardina ahumada con crujiente de huevo frito, 'suquet' de langostinos y melocotón de viña al alioli, lomo de bacalao frito con 'migas' de pastor, arroz basmati guisado con verduras y frutas escarchadas o milhojas de avellana con helado de leche.
En definitiva, toda una gran experiencia gastronómica, moderna y con buena esencia. El excelente servicio –en contraste con la juventud de todo el personal– y una gran carta de vinos completan la oferta.
|