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Es uno de los restaurantes importantes de Madrid desde su apertura, en 1981. Y a pesar de los cambios, las tendencias y los vaivenes de las modas gastronómicas, ha conseguido mantenerse en la cresta de ola, sobre todo gracias a la seriedad de una propuesta clásica, muchas veces inspirada en recetas populares –como los excelentes callos a la madrileña–, y con algunos retoques más modernos que le permiten seguir sorprendiendo a su clientela de siempre.
Un escenario atípico –más propio de una discoteca de los primeros años 80 que de un templo gastronómico– y un excelente servicio –Miguel Arias, su director, recibió el año pasado el Premio Nacional de Gastronomía al Mejor Director de Sala– son la antesala a la sobria y gustosa cocina elaborada por Francisco Vicente, que tiene en los hongos a la provenzal, con foie caliente y salsa de oporto, el lomo de ciervo macerado con manzanas acarameladas y la perdiz deshuesada en salmis con endibias braseadas algunos de sus mejores ejemplos. Una excelente carta de vinos y otra de puros completan la sólida oferta de Las Cuatro Estaciones.
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