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Los monasterios se han convertido en verdaderos guardianes de la tradición gastronómica.
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Las recetas que se elaboran están preparadas con amor y paciencia, sin agobios comerciales.
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¿Es usted de esas personas que echa de menos el sabor de lo auténticamente artesano? Pues, aunque le parezca mentira, todavía quedan lugares donde se elaboran recetas (especialmente de repostería) de una manera enteramente artesanal. Nos estamos refiriendo a muchos de los conventos de clausura que se encuentran diseminados por los pueblos y ciudades de España; son lugares donde el tiempo parece haberse detenido y cuyos productos se pueden disfrutar hoy en día, muy especialmente durante la época navideña, con la seguridad de saborear una tradición centenaria.
Y es que desde hace muchos siglos, cuando una novicia ingresaba en un convento llevaba consigo el recetario familiar o, al menos, el recuerdo de cómo se elaboraban determinados platos. Esta tradición, que se ha transmitido de generación en generación hasta nuestros días, ha convertido los monasterios en verdaderos guardianes de muchas de las recetas más tradicionales de la gastronomía española.
La tranquilidad y el aislamiento espiritual que se respiran en un convento de clausura han contribuido, sin duda alguna, a esta importante labor de salvaguarda.
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