Cocina

La matanza, un sacrificio ritual (I)

Todavía son muchas las familias que en invierno celebran en sus hogares la matanza, para luego poder disfrutar durante todo el año de los productos que obtienen del cerdo

San Martín, cuya fiesta es el 11 de Noviembre, señala el principio de la matanza.

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La relación entre el sacrificio ritual de un animal y su consumo aparece bien pronto en las comunidades humanas. Ya en tiempos de los romanos se institucionaliza la matanza industrial. Los jamones de España, que ahora defiende Antonio Banderas más allá de nuestras fronteras, eran ya famosos por entonces y Diocleciano y Marcial hablan de ellos.

Es curioso leer en la obra La Higiene de Abulcasis que los carniceros de Córdoba, durante el Califato, vendían carne de cerdo castrado y el médico musulmán no ponía ninguna objeción a su consumo, prohibido por las prescripciones islámicas.

El sacrificio en todas las culturas tiene como principales características ser algo festivo y consumir parte de la víctima. Es bien sabido que el triple sacrificio de un cerdo, un carnero y un toro reviste categoría de sacrificio de Estado en el ritual romano. La presencia del cerdo en lo popular no desaparece con la llegada del cristianismo y podemos ver, a través de la iconografía cristiana, como se perpetúa. Un ejemplo de ello lo tenemos en la bóveda del panteón de los Reyes, de la iglesia de San Isidoro de León.

San Martín, cuya fiesta es el 11 de noviembre, señala el principio de la sazón de la matanza, de ahí nuestro popular dicho de: ”A todo cerdo le llega su San Martín“, que también encontramos en nuestra vecina Francia “À chaque porc vient Saint Martín “. Los más rezagados esperan para hacerla hasta los días antes de Carnaval, fecha límite para sacrificar al animal, y cosa que algunos autores interpretan como la antesala lúdica de la triste Cuaresma.

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