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Llamamos cóctel a la bebida compuesta por varios licores a la que se añade, por lo común, varios ingredientes. Así define la palabra el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua desde hace bastantes años, por lo que casi nadie continúa escribiéndola en inglés. Ninguno de nuestros escritores famosos ni críticos de gastronomía utilizan en la actualidad la palabra cocktail, término con el que fue bautizada esta copa festiva y ritual hace casi doscientos años.
La primera documentación aparece en el país donde se creó: Estados Unidos de América, el día 13 de mayo de 1806, en el periódico The Balance donde se definió como:"Una bebida estimulante elaborada a base de alcoholes diversos, a los que se añade azúcar, agua y bitters o amargos”. Ambas definiciones dejan fuera los cócteles sin alcohol de los que alguno, como el San Francisco, han alcanzado notoriedad.
El cocktail, esa palabra que significaba en sus orígenes sajones “cola de gallo”, goza de variadas leyendas para explicar su origen y atribuirse el mérito de la invención. Cuenta Carlos Delgado en su libro 365+1 cócteles su mito preferido en cuanto al nacimiento del cock-tail: "Con mayor probabilidad o, al menos, imaginación, Fenimore Cooper sitúa el origen del cóctel en Yorktown, la pequeña ciudad de Virginia. Corría el año de 1879 cuando un tal Flanagan abrió una taberna en la que, a fin de celebrar la rendición del general inglés Cornwalles a Washington, que puso punto final a la guerra de la Independencia, servía una combinación de distintos licores, a la que llamó bracer. Este nombre, que viene a querer decir algo así como “estimulante”, se convertiría en cóctel de la mano de su bella esposa Betsy, cuando tuvo la genial idea de servir los bracer de su marido en copas adornadas con plumas de los gallos de su vecino, que gustosamente sacrificó harta de sus irrenunciables cantos de amanecida".
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