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En función de la variedad, el color de la pulpa del pomelo puede ir del amarillo al rojo pasando por el anaranjado. Cuanto más oscura sea, más cantidad de carotenoides tendrá en su composición (mayor poder antioxidante).
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También conocido con el nombre de toronja o pamplemusa, el pomelo es una de las frutas más interesantes no sólo a nivel culinario (además de en estado fresco puede ser también ingrediente de sabrosas recetas dulces y saladas) sino también a nivel nutritivo. Y es que este alimento, con forma similar a la naranja pero de sabor menos dulce, cuenta con grandes propiedades para la salud:
Es muy rico en antioxidantes (más, cuanto más oscura es su pulpa), que evitan la acción nociva de los llamados ‘radicales libres’ (los encargados de acelerar el proceso de envejecimiento y de favorecer las alteraciones genéticas que causan enfermedades degenerativas o cáncer).
Además, los antioxidantes bloquean el colesterol ‘malo’, reduciendo el riesgo cardio y cerebrovascular.
Los minerales que el pomelo contiene en su composición (especialmente potasio y magnesio) reponen la cantidad perdida con el ejercicio y minimizan el riesgo de lesiones.
Su alto contenido en vitamina C favorece el buen funcionamiento del sistema inmunológico, manteniendo así a raya las posibles infecciones y resfriados.
Por otro lado, dado que el agua es el principal componente de este cítrico, y que su aporte calórico es muy reducido (28 calorías por cada 100 gramos de producto) resulta perfecto para su inclusión en dietas de adelgazamiento.
En ‘crudo’ es como conserva mejor todas estas propiedades (si su sabor le resultara algo amargo, una buena opción es exprimirlo y combinarlo con zumo de naranja). No obstante, el pomelo también puede ser un magnífico ingrediente para otras recetas (tartas, mermeladas, ensaladas, como guarnición para determinadas carnes...). Aquí debajo podrá encontrar algunos ejemplos.
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