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Con sólo 52 calorías por cada 100 gramos de producto, el albaricoque es un alimento a tener en cuenta para quien desea cuidar la línea.
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Carne jugosa y firme; dulce y aromático sabor; piel suave y aterciopelada que varía entre el rojizo, el blanco, el amarillo y el naranja según la variedad... Hablamos del albaricoque. Una fruta cuyo cultivo se remonta ni más ni menos que al año 3.000 a.C y que, cada final de primavera se asoma a los mostradores de mercados y fruterías. Una buena noticia no sólo para el paladar sino también para el organismo: el albaricoque (también conocido como albérchigo) tiene bastante fibra por lo que ayuda a regular el tránsito intestinal, es rico en betacarotenos (de acción antioxidante) y, además, su aporte energético es bastante bajo dada su elevada cantidad de agua. Así, 100 gramos de albaricoque tan sólo aportan 52 calorías, por lo que se convierte en una fruta a tener en cuenta si se desea cuidar la línea.
Algunos consejos y recomendaciones
Si la piel es rosada es síntoma de un exceso de dulzor en la fruta.
Los albaricoques son muy delicados, por lo que han de tratarse con cuidado (cualquier golpe hace que se deterioren rápidamente).
Sabremos si está en su punto óptimo si al presionar se aprecia una consistencia blanda.
Si se consumen cuando aún están duros pueden causar problemas de digestión.
Se deben dejar madurar a temperatura ambiente y, una vez maduros, meterlos en el frigorífico en una bolsa de plástico agujereada.
Aunque mayoritariamente se consumen en estado fresco también son ingrediente protagonista de ricas tartas, sorbetes, confituras, almíbares, ponches, compotas, zumos, incluso salsas que funcionan muy bien como acompañante de platos salados (carnes, pescados...). Aquí debajo encontrará algunos ejemplos.
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