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Chaplin, en una de las escenas más recordadas de la película.
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El pollo asado es una de las formas más comunes de cocinar esta rica ave.
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Los dos mejores momentos de esta producción muda, que además ocupan un lugar destacado en la obra de Charles Chaplin, están relacionados con la comida. En el famoso baile de los panecillos, Charlot, para fascinar a la chica amada (encarnada por la actriz Georgia Hale, con la que mantuvo uno de sus múltiples idilios), pincha dos tenedores en los extremos de sendos panecillos, como si fuesen las piernas y los pies de una bailarina, e improvisa un baile genial sobre una mesa.
El otro, todavía tiene una relación más directa con la comida, se centra en la escena en que, aislado en una cabaña entre la nieve de Alaska y hambriento, como último recurso, Charlot asa una de sus botas y se la come como si fuese el más exquisito pollo, donde los clavos son los huesecillos y los cordones los espaguetis de guarnición. Poco después, está a punto de morir a manos de su compañero de penalidades, un grandote que le ve como si fuese una gallina y corre tras él para matarlo y asarlo.
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