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En el descorche, el gollete se debe limpiar con un lito o servilleta.
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El anfitrión eligirá un sacacorchos de fácil uso para evitar que el corcho se rompa y caiga en el interior de la botella, arruinando así el vino.
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EL VINO EN LA MESA
Es preciso tener muy presente que el vino es un ‘ser vivo’ por lo que se debe trasladar al comedor con gran cuidado y no agitar la botella bajo ningún concepto. En un aparador se colocarán las botellas que se van a tomar.
El vino tinto
A pesar de que es muy común escuchar que el vino tinto se tiene que servir ‘a temperatura ambiente’, lo cierto es que esto no es verdad, ya que la temperatura ambiental puede ser muy elevada. Lo correcto es no servirlo nunca a más de 18ºC (de 14º a 16º sin son jóvenes, y de 15º a 18º si son Reservas). A la hora de abrir la botella, si es el anfitrión el que desea hacerlo, elegirá el sacacorchos que más fácilmente pueda utilizar con el fin de que el corcho no se rompa. Se comienza cortando la cápsula, por debajo del gollete para evitar que el vino, al ser servido, arrastre residuos metálicos. Se limpia el gollete con un lito o servilleta y se procede al descorche. Si se hace con un sacacorchos tradicional, se girará éste y no la botella. Una vez abierto y catado, el vino se sirve en las copas solamente hasta la mitad o un poco más. En los Reservas y Gran Reservas, es conveniente abrir las botellas antes de la comida para que se oxigene.
El vino blanco
Una vez elegidos, se deben mantener en el frigorífico durante diez o doce horas. Cuando vayan a ser consumidos, se deberán colocar cerca de la mesa, en una cubitera con hielo y agua, para que mantengan en todo momento su temperatura inicial (entre 7º y 10º y nunca menos de 5º, salvo los muy dulces), y no para que se enfríen más. Jamás de deben enfriar las copas ya que, de esta forma, el comensal no puede ver el color de vino y, además, pueden quedar residuos de humedad que lo estropeen.
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