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La celebración de un cóctel permite invitar a un mayor número de personas.
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Las invitaciones deben mandarse, al menos, con 15 días de antelación.
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Si le apetece invitar a sus 80 mejores amigos, si lo que quiere es disfrutar con mayor libertad de su fiesta, estar más relajado y desplegar todos sus encantos como anfitrión con sus invitados, el cóctel puede ser una magnífica opción. Ahora bien, ¿qué hay que tener en cuenta a la hora de organizarlo?
Invitaciones: al igual que ocurre con la celebración de una comida o una cena, las invitaciones deben cursarse como mínimo con 15 días de antelación (y un máximo de 30), aunque la etiqueta y protocolo permite una mayor flexibilidad cuando se trata de un cóctel. Si el lugar donde se celebra la fiesta está fuera del casco urbano, hay que enviar, junto a la invitación, un plano de situación y una relación de los parkings más cercanos. No olvide lo desagradable que es dar vueltas y vueltas a la caza y captura de un aparcamiento. Sus invitados se lo agradecerán.
Los invitados: este tipo de celebración admite un mayor número de ellos y el hecho de que alguno falle no supone ningún trastorno. Evidentemente, hay que actuar con sentido común y tener en cuenta el espacio físico de que disponemos. Es absurdo invitar a 100 personas cuando disponemos de una casa de 50 metros cuadrados, por muy bien distribuidos que estén. A la hora de recibir a los invitados, los anfitriones deben situarse a la entrada de la casa (es lo que lo anglosajones llaman receiving line), será suficiente con treinta minutos de saludos porque en ese tiempo suelen llegar la mayoría de los invitados y, además, los anfitriones deben atender a los que ya han llegado. A la hora de la despedida, no es necesario que se vuelvan a situar a la entrada, entre otras cosas, porque puede ser interpretado como una sutil invitación a que todo el mundo se marche.
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