El otoño abre la veda a los platos de caza

Con el paso de los siglos, cocinar estas piezas ha dejado de ser una actividad de supervivencia para convertirse en todo un arte culinario

En un principio tan sólo fue un modo de sobrevivir. Sin embargo, a medida que crecía el interés por que aquellas piezas resultaran cada vez más sabrosas, la preparación de las carnes de caza fue convirtiéndose en todo un arte. Los pucheros de nuestros antepasados se fueron llenando de distintas recetas y los libros se inundaron de refranes y consejos para alcanzar deliciosas texturas y sabores. Así, lo que antes era necesidad hoy es sinónimo de buen comer. Pero con la modernidad llegó también la estipulación de una serie de reglas que los cazadores deben seguir a rajatabla si queremos seguir disfrutando de estos ricos manjares. Se trata de respetar el ciclo natural y vital de los animales, de permitir que lleven a cabo sus actividades reproductoras y que saquen adelante sus crías. Es lo que se denomina tiempo de veda, que se ha de respetar escrupulosamente tanto en lo que a caza mayor se refiere (corzo, ciervo, gamo, jabalí, venado..., como en la caza menor (codorniz, pichón, tórtola, perdiz...). Éstas son sólo algunas sugerencias a la hora de preparar estas piezas:

Lomo de venado con membrillos

Codornices con uvas

Perdiz sobre ensalada de berros

Pichón con setas y cebolla trufada

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