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Azúcar cocido con un poco de agua. No tiene más misterio. ¿O tal vez sí? En realidad, la única dificultad a la hora de preparar caramelo es conseguir el tono más o menos claro en función del uso que le vayamos a dar (muy pálido para glasear pastelitos y frutas, intermedio para, por ejemplo, acaramelar un molde, oscuro para muchas recetas de repostería o dar color a una salsa o un caldo...). Para ello habrá que tener en cuenta los tiempos de cocción y las proporciones adecuadas de los ingredientes: normalmente, tres cucharadas soperas de agua por cada 100 gr de azúcar. Si lo deja enfriar se solidificará y obtendrá los clásicos caramelos, una de las golosinas más tradicionales. Si lo quiere mantener líquido, puede añadir unas gotas de vinagre para conservarlo mejor. No obstante, recuerde que también puede comprarlo listo ya para su empleo. Éstas son algunas propuestas para disfrutar de su rico sabor:
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